Nodos y Nudos
Universidad Pedagógica Nacional
Restaurar la escuela
Restoring the School
Restaurar a escola
Para citar este artículo: Bonilla-Muñoz, M. A. (2023). Restaurar la escuela. Nodos y Nudos, 8(55), 23-33. https://doi.org/10.17227/nyn.vol8.num55-20296
Resumen
El presente trabajo de investigación evidencia el lugar preponderante que ocupa la escuela en
la vida de estudiantes quienes viven en contextos donde la exposición a conflictos derivados
de las ilegalidades son una expresión más de las desigualdades sociales. Asimismo, propone
un giro sobre las premisas con las que se suele pensar los programas y políticas públicas que
buscan intervenir sobre los conflictos por medio de las escuelas. En este sentido, se sugiere
pensar en programas y políticas que a cambio de responsabilizar a las escuelas de remediar los
conflictos opere sobre los efectos que tienen los conflictos sobre estas y se centre en reponer
las desigualdades que las atraviesan. Esto con la finalidad de permitir que la escuela contribuya
sobre los conflictos desde la escolaridad misma. Se trata de un estudio de caso focalizado en
una escuela secundaria pública de la Región Metropolitana de Buenos Aires – Argentina.
Palabras clave
conflicto; restauración; escuela; pobreza urbana
Abstract
This research work highlights the prominent role that the school plays in the lives of students
who live in contexts where exposure to conflicts derived from illegalities is an expression
of social inequalities. It also proposes a change in the premises with public programs and
public policies that aim to address conflicts through schools are usually conceived. In this
sense, it is suggested to think about programs and policies that, instead of making schools
responsible for remedying conflicts, address the effects that conflicts have on them and
focus on eliminating the inequalities that permeate them. This is to allow the school to
contribute to conflicts through the educational process itself. This is a case study focused
on a public secondary school in the Metropolitan Region of Buenos Aires, Argentina.
Keywords
conflict; restoration; school; urban poverty
Resumo
Este trabalho de investigação evidencia o papel predominante que a escola desepenha
na vida dos alunos que vivem em contextos onde a exposição a conflitos derivados das
ilegalidades é uma expressão das desigualdades sociais. Além disso, propõe uma mudança
nas premissas com as quais geralmente se concebem os programas e políticas públicas
que buscam intervir nos conflitos por meio das escolas. Nesse sentido, sugere-se pensar
em programas e políticas que, em vez de responsabilizar as escolas pela remediação dos
conflitos, atuem sobre os efeitos que os conflitos têm sobre elas e se concentrem em abordar
as desigualdades que as atravessam. Isto com a finalidade de permitir que a escola contribua
para os conflitos através do próprio processo educativo. Este é um estudo de caso focado
em uma escola secundária pública na Região Metropolitana de Buenos Aires, Argentina.
Palavras-chave
conflito; restauração; escola; pobreza urbana
Introduccción
A nivel global aumentan los casos de escuelas atrapadas en medio de los conflictos desarrollados
alrededor de las ilegalidades. Los casos no solo incrementan, sino que también cambian en su distribución. Así, un fenómeno que parecía ser propio de
las ciudades y consigo de las escuelas de los barrios
empobrecidos del sur global, hoy encuentra réplicas
en ciudades como Oslo y Berlín, en donde se registran escuelas bajo el fuego cruzado, con estudiantes pertenecientes a bandas delictivas y docentes y
familias preocupadas por el futuro de sus jóvenes.
Algunos análisis señalan que el aumento de estos
conflictos se debe al crecimiento exponencial de las
economías ilegales, en especial de aquellas asociadas al narcotráfico (Rodrigues et al., 2018; Saviano,
2014). Asimismo, se destaca la proliferación de zonas
de combate, algunas en el marco de necroeconomías
globales cuyo fin es la acumulación de grandes sumas de capital dinero por medio del sostenimiento
de conflictos violentos (Berardi, 2019; Mbembe, 2011;
Valencia, 2012). En efecto, hoy parte de las agendas
de gobierno de las urbes giran alrededor de los programas y políticas de securitización y/o militarización
con el fin de mitigar los daños colaterales de los conflictos derivados de las luchas alrededor de las ilegalidades (Barrios-Rodríguez, 2023). Si se revisan los
espacios urbanos e incluso rurales donde se desarrollan estos conflictos se evidencian los cruces entre
altos niveles de violencia, pobreza y juventudes en
edad de escolarización como víctimas y perpetradores. Variables que encuentran como punto de intersección la cotidianidad de las escuelas.
¿Qué pasa entonces cuando la escuela se ve
atravesada por este complejo entramado que
despliegan los conflictos derivados de las ilegalidades?
O como propone Conde (2014) ¿qué hace la escuela
cuando los conflictos de las ilegalidades dejan el escenario habitual de la calle y comienzan a habitar las
aulas? Múltiples respuestas se han desplegado tanto
desde la opinión pública como desde las políticas y
programas educativos que pretenden atender la problemática. Cabe señalar además que no se trata de
un problema reciente y que esta problemática, junto
con sus diagnósticos y respuestas, se pueden rastrear
desde inicios del siglo pasado luego del crecimiento
exponencial de las ciudades a causa de las olas migratorias. Estas respuestas han variado según las particularidades de los conflictos, desde la importancia de
la escuela como institución disciplinante y encargada
de incorporar las leyes (Dussel, 2005), pasando por la
escuela contenedora que busca resguardar a las juventudes (Noel, 2009), hasta la configuración de escuelas restaurativas que ayuden a reponer a través de
la educación los daños ocasionados (Piñers-Botero
et al., 2011). Esta última perspectiva cada vez adquiere mayor centralidad en Latinoamérica, en especial
en la Argentina, de la mano de los discursos de la
justicia juvenil restaurativa. Este enfoque considera
que el principal daño ocasionado por los conflictos
son los lazos sociales que conforman las comunidades, por lo que se debe involucrar activamente a los
individuos en pro de la recomposición de tales lazos
(Medan y Graziano, 2022). En consecuencia, la escuela ocupa un papel central dado que se ha pensado a esta como la encargada de los procesos de
socialización y, en particular, de la construcción de
lazos sociales con un otro por fuera del círculo familiar (Winn, 2024). En este sentido, cuando se habla de
la escuela restaurativa se hace alusión a la capacidad
de las escuelas para restaurar los lazos sociales rotos
por conflictos de diferente índole (Albertí-Cortés y
Pedrol-llinirós, 2017). Si bien se ha trabajado ampliamente sobre el lugar de la escuela desde un enfoque
restaurativo, en especial en los contextos anglosajones, aún faltan estudios sobre el lugar que han ocupado las escuelas latinoamericanas en los conflictos
derivados de las ilegalidades.
En este marco de discusiones, el presente artículo de investigación se propone evidenciar el lugar que ocupa la escuela en la vida de estudiantes quienes viven en contextos donde la exposición a conflictos derivados de las ilegalidades son una expresión más de las desigualdades sociales. Esto a través de la descripción densa del caso de una escuela secundaria pública ubicada en un barrio empobrecido de la Región Metropolitana de Buenos Aires (RMBA). Sosteniendo a modo de hipótesis: la escuela puede contribuir en diversas problemáticas derivadas de los conflictos asociados a las ilegalidades, en la medida en que logra contener a los y las estudiantes en espacios de enseñanza y aprendizaje más que cuando se ocupa de intervenir directamente en los conflictos. En este sentido, lo que las escuelas buscan es restaurar los espacios que le permitan hacer lo que saben —enseñar— y desde allí brindarle a los y las estudiantes un refugio y un respiro en cuanto los conflictos se hacen asfixiantes. Así, el presente trabajo pretende servir con elementos para pensar en premisas para la elaboración de programas y políticas que, a cambio de responsabilizar a las escuelas de remediar los conflictos, opere sobre los efectos que tienen los conflictos sobre estas y se centre en reponer las desigualdades que las atraviesan. Esto supone reparar la escuela.
Conflicto y restauración escolar
En este apartado nos ocuparemos de dos cuestiones. La primera de ellas consiste en definir el modo
como entendemos las nociones de conflicto y restauración a propósito de la discusión que se propone
en el presente trabajo. Nos interesan ambas nociones
en el marco de los efectos de los ilegalismos en las
escuelas emplazadas en contextos de pobreza urbana. Y, en segundo lugar, nos detendremos en explicitar el modo en el que se entiende en este trabajo la
puesta en diálogo entre categorías. Una aclaración
de importancia dado que el modo en el que se entiende dicha relación constituye no solo las premisas
con que se comprende la problemática, sino también
los sustentos conceptuales con los que se direccionan los programas y políticas que buscan remediar
la problemática. Es en lo propuesto en este segundo punto donde el presente trabajo puede contribuir
a mejorar las condiciones de las escuelas antes que
estas se encarguen de hacer algo en medio de los
conflictos.
Max Weber (2014) sostiene que el conflicto es
constitutivo de la vida cultural, sus intereses, medios
e involucrados pueden reformularse. Sin embargo,
este nunca puede ser eliminado. Si bien, como afirma
Weber, la vida cultural es el producto de conflictos,
cuando se trata de los relacionados con las ilegalidades estos tienen la particularidad del uso de la violencia como forma de competencia (Reguillo, 2012;
Saviano, 2014; Valencia, 2012). Estos conflictos están
distribuidos diferencialmente en el cuerpo social. Es
lo que Foucault (2009) denominó gestión diferencial
de los ilegalismos para explicar cómo algunos delitos
son permitidos, perseguidos, tolerados y habilitados
de manera distintiva dentro de los espacios sociales.
En lo que concierne a los espacios urbanos empobrecidos, los conflictos violentos son ampliamente
habilitados como forma de intervención sobre las dinámicas de las ilegalidades (Auyero y Berti, 2013; Caravaca et al., 2023; Garriga y Noel, 2010). Sin duda, no
se trata de una condición innata o propia de la naturaleza de quienes habitan estos espacios, sino de una
forma de gobierno de la pobreza (Grinberg y Bonilla,
2019; Hirata, 2018).
Por su parte, la restauración puede entenderse
como el costado de las políticas que se materializa
en prácticas concretas en la vida de las personas e
instituciones, con la finalidad de reparar los daños
ocasionados por los conflictos. Cabe señalar que la
noción de restauración ha sido trabajada por un número considerable de disciplinas como la ecología, las
artes, el derecho e incluso las neurociencias (LugoAgudelo et al., 2018). En el ámbito de las ciencias
sociales, se preguntan cómo es posible recomponer
determinados aspectos de los sujetos o comunidades
luego de conflictos violentos. En tal sentido, la justicia restaurativa se ha ocupado de pensar cómo es
posible llevar a cabo procesos de restauración en comunidades atravesadas por conflictos armados bien
sea en el marco de guerras civiles, guerras internacionales o conflictos derivados de las ilegalidades
(Herrera-Romero, 2010). Al igual que los enfoques
psicosociales interesados en investigar terapéuticas,
tanto individuales como colectivos, que contribuyan
a sanar los traumas sociales ocasionados por los conflictos (Beristain, 2004). Es precisamente en el vínculo
de comunidad y conflicto en donde la escuela se ha
convertido en una institución estratégica para el desarrollo de procesos de restauración de diferente tipo
(Osorio-González, 2016). En consecuencia, cuando se
trata de la escuela, la restauración puede ser entendida como los procesos que tienen lugar en las instituciones escolares con la finalidad de recomponer
o prevenir los daños ocasionados por los conflictos.
Ahora bien, la relación entre conflicto y reparación suele plantearse de modo unidireccional cuando se trata de las escuelas. De este modo, es común
que las escuelas se responsabilicen por implementar
programas que ayuden a restaurar los daños ocasionados por los conflictos, pero pocas veces se suele
plantear la pregunta sobre los daños que los conflictos generan a las escuelas. De ahí todo un conjunto
de programas direccionados a la prevención del delito, el manejo de la violencia, la educación emocional, la seguridad escolar y la resolución de conflictos
(Devine, 1996; Fernández y Ormart, 2019). Incluso, es
posible encontrar discursos que hacen responsable
a la escuela al señalar a esta como una institución
en declive, incapaz de contener, que no logra enganchar a los estudiantes en sus procesos de enseñanza-aprendizaje y con docentes con escasa autoridad.
Discursos que en muchos casos sirven como sustento
a las lógicas de gobierno de los sistemas educativos
que demandan de las escuelas constituirse autónomas y capaces de diagnosticar, implementar y monitorear las respuestas a las problemáticas de sus
comunidades (Grinberg, 2008).
Es en este marco de discusiones que el presente artículo propone invertir la cuestión y pensar en políticas que no solo responsabilicen o en el peor de los casos culpen a las escuelas, sino que ayuden a restaurar las escuelas golpeadas tanto por los conflictos mismos como por las desigualdades socioeducativas. Dicha reflexión surge tras evidenciar el lugar preponderante que ocupan las escuelas secundarias en las vidas de los jóvenes estudiantes quienes viven en contextos de pobreza urbana atravesados por conflictos derivados de las ilegalidades. Esta es una hipótesis central para pensar el lugar de los sistemas educativos y en especial de las escuelas emplazadas en contextos de pobreza urbana con altos niveles de violencia asociados a las agrupaciones delictivas y el crimen organizado.
Metodología
La propuesta metodológica se basa en un Estudio de
caso (EC) de tipo intrínseco y de carácter cualitativo
cuyo objetivo es describir en densidad el desarrollo de
un fenómeno determinado en un contexto particular
(Stake, 2020). En lo que aquí concierne, se trata de
una escuela secundaria pública fundada en la década
de los noventa por los habitantes de uno de los tantos barrios con altos niveles de pobreza urbana que
se asientan en la Región Metropolitana de Buenos
Aires (RMBA). Estos altos niveles de pobreza urbana se
expresan en precarias condiciones habitacionales, limitados servicios de transporte, problemas con el acceso a servicios públicos como electricidad, gas, red
cloacal y agua. Condiciones que inciden de modo
directo sobre las escuelas y configuran desigualdades socioeducativas (Langer y Minchala, 2022). Es en
este barrio y escuela que desde el 2016 se viene realizando trabajo de campo en profundidad, indagando
sobre las formas particulares que asume en este contexto la intersección entre vida urbana, ilegalidades y
escolaridad.
Los docentes, directivos, estudiantes y vecinos
que constituyen la muestra de investigación, comparten como criterio de selección el hecho de habitar
tanto el barrio como la escuela, sobre la cual trata el
presente artículo. Al respecto, cabe señalar que la escuela secundaria pública seleccionada, para el 2023
recibe diariamente 150 estudiantes, de los cuales el
95 % proviene del barrio en el cual se encuentra emplazada la escuela y tan solo un 5 % proviene de otros
barrios empobrecidos también. La mayoría de las familias y vecinos viven del cirujeo —recuperación y reciclaje de residuos—, albañilería y trabajo informal
de diferente índole. Familias que, durante la década
de los noventa, a partir de autogestiones comunitarias, construyeron la escuela, y desde entonces varias
de sus generaciones han asistido a esta (Grinberg,
2009). De tal modo, muchos de los padres de familia
de los estudiantes que actualmente se encuentran en
la escuela fueron estudiantes de los cuales pocos terminaron con éxito el ciclo secundario. La escuela la
conforman 15 docentes de diferentes áreas, además
de un equipo de orientación, preceptores, ayudantes
(celadores, cocineros, trabajadores de aseo) y directivos que en su totalidad comprenden un grupo de 30
profesionales. De estos, algunos docentes y ayudantes viven o vivieron en el barrio. En total, la muestra
de este trabajo está constituida por alrededor de sesenta sujetos, considerando a los trabajadores de la
escuela tanto docentes como no docentes, vecinos y
los y las estudiantes con los cuales se compartió durante las instancias de trabajo de campo en las aulas.
Los datos empíricos analizados en el presente
trabajo de investigación provienen en su mayoría de
los registros de campo realizados en el transcurso del
trabajo de campo desarrollado desde el 2016 hasta el
presente año, 2024. A estos se suma la implementación de entrevistas flash realizadas en la cotidianidad
tanto de la escuela como del barrio. Dado el cúmulo de datos recolectados en el tiempo, algunos de los
registros son respaldados y contrastados a través de
la producción de categorías, propiedades e hipótesis
sobre problemas generales como resultado de la saturación de los datos. Para esto, se usó el programa
informático de investigación cualitativa atlas.ti, con
el cual se trabajó tanto con categorías teóricas como
nativas, entre las cuales se destacan: conflictos, violencia, escuela secundaria, restauración escolar, ilegalidades, barrio y contextos de pobreza urbana.
Por último, es preciso señalar que los nombres de las escuelas, barrios y personas que aparecen referenciadas a continuación han sido cambiados para cuidar de su privacidad.
El barrio Reconquista y la Escuela Secundaria Sarmiento
El barrio Reconquista se encuentra ubicado al extremo norte de uno de los partidos contiguos de la
Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La población de
los territorios sobre los que se asienta el barrio es
un capítulo más de la historia del crecimiento exponencial de las ciudades latinoamericanas durante el
siglo XX. Según los registros históricos y las memorias de adultos mayores del barrio, en la década de
los cincuenta, pese a que ya se encontraban instaladas algunas industrias, aún se conservaban bañados
que los vecinos visitaban para pasar el tiempo libre.
Las siguientes dos décadas estuvieron acompañadas
por el estallido industrial incentivado por los gobiernos de turno y rápidamente estos bañados no solo
fueron contaminados, sino también densamente poblados (Grinberg, Porzinato, et al., 2015; Grinberg,
2020). Además, el territorio fue el lugar donde se reubicaron poblaciones precarizadas que se encontraban
en lugares céntricos de la capital (Mantiñán, 2018).
A esto se suma las crecientes oleadas de migraciones internas que llegaban al barrio con la expectativa
de acceder a los servicios, instituciones y mercado de
trabajo centralizado en la ciudad. A su vez, este crecimiento urbano exponencial se dio a la par de crisis
económicas cíclicas que hicieron aún más complejas las condiciones materiales de estas poblaciones.
De tal modo que para la última década del siglo pasado el barrio era uno más entre una extensa franja
urbana caracterizada por la pobreza urbana, que había desbordado cualquier intento de planificación urbanística, con un medio ambiente contaminado, sin
acceso completo a servicios públicos y estructuras
habitacionales precarias.
Durante la década de 1990, entre las luchas de la
comunidad por mejores condiciones de vida se emprende la construcción de una escuela pública para
las generaciones jóvenes del barrio. Hasta entonces,
la educación pública había sido otro de los derechos
en disputa en cuanto a su acceso y sobre todo al sostenimiento que la comunidad había enfrentado. En
efecto, una escuela al interior del barrio podía contribuir de modo significativo en esta lucha. La escuela surgió en el marco de políticas educativas que por
entonces incentivaban a que las comunidades diagnosticaran, propusieran, ejecutaran y monitorearan
las soluciones a sus necesidades educativas (Grinberg, 2008; Langer, 2013).
Es así como nace la Escuela Secundaria pública Sarmiento que en los treinta años de funcionamiento ha atendido a varias de las generaciones del barrio. Pero no solo ha sido uno de los estandartes de la escolarización del barrio, sino que también ha sido uno de los pilares fundamentales para otros frentes de lucha del barrio. La escuela es una de las instituciones más presentes para los habitantes del barrio al construir diversas alianzas con organizaciones barriales como comedores, clubes deportivos, iglesias y talleres de oficios. En consecuencia, se trata de una escuela en la que, debido a su historia y emplazamiento urbano, las problemáticas del barrio se convierten en las problemáticas de la escuela. Es así como la escuela en ocasiones se ve, al igual que el barrio, con problemas de servicios públicos y de infraestructura (Grinberg, 2009). Se trata de una escuela que evidencia como las desigualdades sociales se expresan en desigualdades socioeducativas y se hacen carne en los cuerpos de quienes la habitan.
Barrio y escuela en medio de los conflictos de las ilegalidades
Desde la época colonial se encuentran registros que
señalan a los territorios donde hoy se encuentra el
barrio como un lugar a evitar y peligroso por ser poco
apto para la agricultura y la ganadería, por la presencia de comunidades indígenas consideradas peligrosas y el paso de rutas de contrabando. Esto dio lugar
a persecuciones, confrontaciones y la instalación de
bases aduaneras (Bonilla, 2022). Grinberg (2020b)
asegura que las luchas y tensiones que han dado
lugar a la vida urbana se encuentran sedimentadas
tanto en su historia como en el paisaje urbano. En
nuestros días, el barrio conserva el rótulo de un lugar problemático en cuanto a ilegalidades se refiere.
En este, se extiende una compleja red de ilegalidades
que comprende el microtráfico de sustancias como
el “paco” (pasta base de cocaína), el “Faso” (cannabis) o las “pastís” (drogas sintéticas); conformación
de bandas y circulación de armas. Una red sustentada
en una economía que se reconfigura continuamente
por medio de conflictos violentos. A tal punto de ser
uno de los barrios con mayor número de homicidios
a causa de confrontaciones relacionadas con ilegalidades (Caravaca et al., 2023). Un modo diferencial en
el que se gestionan las ilegalidades en los contextos
más empobrecidos de la urbe, y que involucra que las
violencias sean habilitadas (Pita y Pacecca, 2017; Telles e Hirata, 2007).
La escuela no escapa a los efectos de las dinámicas de la ilegalidad, y desde su apertura docentes y directivos se han visto en la necesidad de dar frente a estas problemáticas. En ocasiones la escuela ha quedado bajo el fuego cruzado, algunos de sus estudiantes forman parte de bandas, los docentes buscan alternativas para contener a los estudiantes y familiares como estudiantes han muerto de manera violenta. Esto, por mencionar de modo generalizado las problemáticas derivadas de las ilegalidades a las cuales la escuela no solo se ve en medio, sino que también es llamada y responsabilizada por hacer algo (Grinberg y Bonilla, 2019). En este sentido, si, como antes hemos señalado, la escuela surgió en el marco de discursos que incentivaban a la comunidad a ocuparse de la tarea de solucionar sus necesidades educativas, hoy es llamada, junto con la escuela, a ocuparse de hacer algo por remediar los efectos colaterales de las ilegalidades. De tal manera que directivos y docentes han sido responsabilizados de mediar conflictos, poner en marcha protocolos de seguridad, generar climas escolares no violentos, actividades extracurriculares para contener a los estudiantes, entre otras tantas alternativas para remediar los efectos de las ilegalidades.
La escuela como fortaleza
Pati es uno de los “estudiantes populares” de la escuela, aunque apenas cursa el tercer año. Es constantemente interpelado por los y las docentes debido a
que se mantiene transitando de un aula a otra, cambiando de clases sin importar el año que sea. Algunos
docentes consideran esto un problema de disciplina,
el cual se contrarresta con un sobresaliente desempeño académico. Además, su asistencia a la escuela
es impecable, más aún cuando el mismo comenta:
“las cosas en el barrio se ponen feas”. Recuerda en especial cómo, en 2014, el barrio se vio sumergido en
una guerra territorial entre bandas dedicadas al narcotráfico, donde los tiroteos y las disputas con la policía eran constantes, tanto así que hubo días en los
que no podían salir de las casas por el temor de quedar en medio del fuego cruzado. Como si fuera poco,
el pasillo donde viven Pati y su familia hace parte de
uno de los “transas” (nombre que reciben en los barrios quienes se dedican al microtráfico de drogas)
del barrio, que si bien, como él mismo indica, “nunca
se mete con nosotros”, era el adversario directo del
transa vecino de la escuela.
Esto hizo que Pati haya sido testigo directo de la guerra encarnizada entre las bandas, donde más de una vez las entradas del pasillo de su casa fueron las barricadas de la banda que dirigía su vecino. Para entonces, Pati trataba de seguir su vida en medio de las confrontaciones, de la angustia familiar y resguardándose a modo de barricadas entre la escuela y su hogar. Sumado a esto, Pati asegura que, aunque nunca ha tenido problemas con sus vecinos, algo de rencor les guarda por dedicarse a la venta de drogas en el barrio, pues fue con esta banda que su hermano, desde temprana edad, comenzó a consumir drogas, haciendo imposible sus procesos de recuperación. Pati comenta en relación con aquellos tiempos:
Yo, cuando venía a la tarde, decía que era un minuto más de vida, porque cuando yo estaba en la casa no sabía si me podían matar. Vos salías a comprar y se agarraban a los tiros, había como siete pibes contra catorce patrulleros de la policía agarrándose a los tiros. (Entrevista en profundidad, 15 años - 2019)
Desde entonces, Pati no deja de asistir a la escuela, recuerda con cierta angustia aquellos tiempos, donde la vida estaba en permanente juego y la escuela era su fortaleza.
Fortaleza en reparación
Figura 1. Caracterización de los Profesores de Matemáticas. Resultados relacionados con el contexto Institucional
![[Uncaptioned image]](https://revistas.upn.edu.co/index.php/NYN/article/download/20296/version/23967/14574/81976/f1.png)
Fuente: elaboración propia. Registro de campo, 2023. .
La escuela es objeto de reparaciones constantes,
las cuales nunca logran repararla por completo, dando la sensación de que se trata de reparaciones paliativas. La última de estas, desarrollada durante el
presente año (2023) ha sido una de las más grandes,
como es propio de los años de elecciones políticas (la
fotografía de la derecha, como el número de trabajadores que se ve al fondo de la fotografía izquierda, da cuenta de las dimensiones de la obra). Debido
a esto, la escuela ha tenido que cerrar en diversas
ocasiones porque no cuenta con agua, gas o electricidad. Asimismo, al director se le ha avisado con anterioridad por parte de quienes están a cargo de las
obras que algunos días el ruido va a ser considerable.
Sin embargo, el director en este segundo caso decide abrir la escuela dado que los estamentos aún no
consideran el ruido como causal de suspensión de
clases. Un vacío normativo que el director aprovecha con astucia para mantener la escuela de puertas
abiertas. Así, pese al ruido y el polvo que desprende
la construcción los y las docentes dan clases, aunque a veces no se escuche nada o los docentes deban esperar a que los ruidos disminuyan para dar las
precisiones de los ejercicios a desarrollar (como se
observa al grupo de estudiantes sentados alrededor
de la docente al costado izquierdo de la fotografía de
la izquierda). Aunque de manera irónica algunos docentes agradecen las conveniencias del oportunismo
político que a última hora deja algo a las instituciones más precarizadas. Y, que esta vez, los arreglos se
encuentran más alejados de las aulas, no como en alguna ocasión anterior, en la que las clases se daban
al ritmo de los martillos mecánicos que abrían el piso
del patio de la escuela (en la fotografía de la izquierda se observan sobre el piso del patio las marcas de
la última reparación).
Si en la anterior escena Pati asegura que en tiempos de confrontaciones violentas en el marco de disputas por el control de las economías de la ilegalidad la escuela se vuelve una fortaleza y así consigue conservar las vidas de los y las estudiantes. ¿Qué pasa cuando esta no logra mantener sus puertas abiertas y fortaleza se cierra con los y las estudiantes afuera?
Análisis de caso
La escuela es una de las instituciones más importantes para las comunidades, en especial aquellas que se
encuentran emplazadas en los barrios atravesados
por la pobreza urbana y que son producto de las luchas de estas comunidades. En lo que concierne a la
Escuela Secundaria Sarmiento, describimos cómo la
escuela hace parte del paisaje urbano del barrio y es
atravesada por las desigualdades sociales que tienen
lugar allí. Esto involucra desde las problemáticas asociadas a las condiciones socioambientales (Grinberg,
Mantiñán, et al., 2015), la vulnerabilización de derechos
(Minchala y Langer, 2023), como las problemáticas derivadas de los conflictos que surgen por las ilegalidades (Bonilla, 2022).
Sobre esto último, en el presente trabajo evidenciamos cómo la escuela se configura como una “fortaleza” que protege a los y las estudiantes en tiempos
en que los conflictos alcanzan altos niveles de violencia. Fortaleza que es tanto protección y refugio material frente a escenarios de violencia como
confrontaciones armadas y riñas, así como también
en términos de contención y sostenimiento a las vidas de los y las estudiantes que se ven expuestos a
efectos traumáticos. De ahí que la expresión del estudiante —“Yo, cuando venía a la tarde decía que
era un minuto más de vida, porque cuando yo estaba en la casa no sabía si me podían matar”— da
cuenta de cómo la escuela, aunque se encuentra
completamente inmiscuida y afectada por lo que
acontece en el barrio, es capaz de construir, defender
y configurar un espacio que permite conservar la vida
de los y las estudiantes. Incluso, un espacio donde
se aprende, aunque sea en medio del fuego cruzado.
Esto contradice las perspectivas que sostienen el declive de la escuela y su responsabilidad en los conflictos asociados a las ilegalidades. Escuelas que pese a
sus precarias condiciones logran contribuir de modo
significativo al cuidado de las vidas de los estudiantes atravesados por los efectos más crueles y atroces
derivados de los conflictos violentos.
Con base en la constatación anterior, se sigue el
hecho del debilitamiento de la escuela como producto de la sumatoria de desigualdades, como las problemáticas de infraestructura y acceso a los servicios
públicos, que en ocasiones llevan a la escuela a suspender las clases. Estas crisis de infraestructura son
el producto de arreglos paliativos que no logran reparar por completo la escuela. El problema reside en
que la escuela, en la multiplicidad de efectos de las
desigualdades que la atraviesan, no logra configurarse como fortaleza. En este sentido, los docentes y
directivos no logran contribuir a mitigar los efectos
colaterales de las ilegalidades no por desinterés, sino
por la ausencia de condiciones mínimas de la infraestructura escolar.
La escuela no siempre logra sostenerse, aunque los docentes y, en especial, los directivos llevan al máximo no solo sus cuerpos sino también las posibilidades de la escuela. Esto demuestra que, contrario a la idea de los docentes y directivos desinteresados, estos “dan el máximo”, en tanto que hacen lo posible y se esfuerzan a diario para sostener la escuela. Un “dar el máximo” que se expresa en la tensión que se da por la necesidad de hacer algo dadas las situaciones límites que suponen los conflictos y las políticas educativas contemporáneas que incentivan a los trabajadores de los sistemas educativos a ser proactivos, emprendedores y gestores de las necesidades comunitarias (Grinberg, 2008; 2009b). Estos esfuerzos derivan en la elaboración de estrategias de docentes para continuar con los procesos de enseñanza y aprendizaje, y de parte de los directivos para contrarrestar las debacles de la escuela (Bonilla, 2023). Como se observa en el caso aquí presentado, la escuela queda neutralizada en sus contribuciones sobre los conflictos cuando no logra restaurarse de los múltiples efectos de las desigualdades sociales.
Conclusiones
El presente trabajo de investigación evidenció dos
grandes cuestiones estrechamente relacionadas.
La primera de ellas remite a lo que la escuela hace
por los y las estudiantes, quienes se encuentran en
medio de los conflictos derivados de las dinámicas
de la ilegalidad. Respecto a este punto, se observa
cómo la escuela se configura tanto fortaleza, como
refugio en medio de las oleadas de violencia para
las vidas de los y las estudiantes expuestos a situaciones límite. Esto pone en consideración los discursos que sostienen a la escuela como una institución
inoperante en cuanto los contextos de pobreza urbana se ven atravesados por problemáticas resultantes de las ilegalidades.
La segunda cuestión sugiere que la escuela se ve impedida a contribuir en los efectos de los conflictos, cuando esta se ve debilitada a causa de no poder reponerse, en el caso aquí expuesto, en lo que refiere al sostenimiento de la infraestructura escolar y el acceso a los servicios públicos, además de las desigualdades materiales y de acceso, a lo que se suma la exposición de las escuelas a los conflictos. Pese a los esfuerzos de directivos y docentes, la escuela, en ocasiones, no logra reponerse y termina por cerrar sus puertas, dejando de operar como fortaleza. Es a partir del material empírico que se presenta alrededor de esta segunda cuestión de donde se sugiere dar un giro a las premisas desde las cuales se proponen los programas y políticas escolares que buscan intervenir sobre los conflictos a través de la escuela. Este giro sugiere como punto de partida restaurar la escuela en cuanto a las múltiples desigualdades que la atraviesan para que así esta puede sostenerse como fortaleza en medio de los conflictos derivados de las ilegalidades.
Conclusiones
Referencias
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