Pedagogía y Saberes
0121-2494
Facultad de Educación Universidad Pedagógica Nacional
https://doi.org/10.17227/pys.num63-22092

Recibido: 28 de agosto de 2024; Aceptado: 14 de abril de 2025

Psicología y pedagogía de la autenticidad


Psychology and Pedagogy of Authenticity


Psicologia e pedagogia da autenticidade

L. Bernal-Contreras, 1 J. Ballén-Rodríguez, 2

Estudiante del Programa de Filosofía, Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD). Bogotá- Colombia lnbernalc@unadvirtual.edu.co Universidad Nacional Abierta y a Distancia Colombia Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD) Bogotá Colombia
Profesor e investigador, Programa de Filosofía, Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD) Bogotá- Colombia juan.ballen@unad.edu.co Universidad Nacional Abierta y a Distancia Colombia Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD) Bogotá Colombia

Resumen

Este ejercicio responde a un proyecto de investigación sobre la autenticidad como experiencia pedagógica y psicológica del ser humano, y cuya tesis filosófica se identifica en la obra de Erich Fromm (1900-1980). La mencionada investigación se titula: La libertad y la violencia: un análisis filosófico desde las obras de Erich Fromm, y se desarrolló como una opción de grado en el Programa de Filosofía de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia - UNAD.1 La pregunta de investigación que orienta la propuesta se plantea así: ¿cómo la autenticidad siendo un ideal psicológico y pedagógico en un contexto educativo, puede ser alternativa frente a los entornos escolares dominados por conductas antisociales y que son dinamizadores de la rivalidad y la enemistad psicosocial? La metodología que emplea es la de la hermenéutica filosófica, la cual consiste en un diálogo entre el contexto (la escolaridad), la obra de Erich Fromm, y la experiencia propositiva del lector, en este caso el investigador. Entre sus resultados cabe destacar cómo el concepto de la autenticidad es alternativa ante el fenómeno de la violencia escolar.

Palabras clave:

autenticidad, psicología, pedagogía, interdisciplinariedad, sociedad.

Abstract

This work forms part of a research project on authenticity as a pedagogical and psychological experience of the human being, grounded in the philosophical thought of Erich Fromm (1900-1980). The research, titled Freedom and Violence: A Philosophical Analysis from the Works of Erich Fromm, was developed as an undergraduate thesis in the Philosophy Programme at the National Open and Distance University - unad. The guiding research question is: How can authenticity, as a psychological and pedagogical ideal in an educational context, serve as an alternative to school environments marked by antisocial behaviours that foster rivalry and psychosocial hostility? The methodology employed is philosophical hermeneutics, which involves a dialogue between the educational context, the works of Erich Fromm, and the interpretive experience of the reader—in this case, the researcher. One key finding highlights how the concept of authenticity offers an alternative response to the phenomenon of school violence.

Keywords:

authenticity, psychology, pedagogy, interdisciplinarity, society.

Resumo

Este trabalho integra um projeto de pesquisa sobre a autenticidade como experiência pedagógica e psicológica do ser humano, cuja base filosófica se encontra na obra de Erich Fromm (1900-1980). A pesquisa, intitulada A liberdade e a violência: uma análise filosófica a partir das obras de Erich Fromm, foi desenvolvida como trabalho de conclusão de curso no Programa de Filosofia da Universidade Nacional Aberta e a Distância - unad. A pergunta de pesquisa que orienta a proposta é: como a autenticidade, sendo um ideal psicológico e pedagógico em um contexto educativo, pode representar uma alternativa frente a ambientes escolares marcados por comportamentos antissociais que fomentam a rivalidade e a inimizade psicossocial? A metodologia utilizada é a hermenêutica filosófica, que consiste em um diálogo entre o contexto escolar, a obra de Erich Fromm e a experiência propositiva do leitor—neste caso, o pesquisador. Entre os resultados, destaca-se como o conceito de autenticidade pode representar uma alternativa ao fenômeno da violência escolar.

Palavras-chave:

autenticidade, psicologia, pedagogia, interdisciplinaridade, sociedade.

A manera de introducción: la idea de humanidad en la filosofía de Erich Fromm

Erich Fromm (1900-1980) fue un filósofo y psicoanalista alemán perteneciente a la escuela de Frankfurt. Su filosofía abarcó diferentes temas, entre ellos la ética, la política y la religión. Uno de los temas centrales dentro de sus obras es el de la concepción de humanidad, en medio de un contexto de guerra y de posguerra, circunstancias que fueron minando las posibilidades de sentido de lo que significa pensar la condición humana, en especial desde la perspectiva de las víctimas (Ballén, 2020).

Fromm tiene como punto de partida la tesis antropológica según la cual el ser humano es un ser complejo y que se encuentra en permanente búsqueda de su propia identidad. En su condición inquietante se plantea la pregunta de “quién soy yo”, y, en este sentido, asume como factor determinante el conocimiento sobre su ubicación en el mundo. Para el autor, el ser humano está dotado no solo de razón, sino también de libertad y de capacidades, tales como la adaptabilidad, el amar, la creatividad, entre otras. Sin embargo, se encuentra condicionado por diferentes factores como su familia, su historia personal, su contexto social, entre otros. Según Fromm (1941), “no solamente el hombre es producto de la historia, sino que también la historia es producto del hombre” (cit. en Collado, 2017). De acuerdo con esto, la historia y el ser humano se encuentran interconectados y tienen influencia mutua. El ser humano es resultado del pasado y de la misma forma es agente activo en la formación del futuro.

Erich Fromm toma distancia de la visión de ser humano como un ser netamente racional y lo concibe como un ser emocional, que se ve afectado por el entorno y que busca el equilibrio entre sus deseos y necesidades. Según Fromm, el ser humano es un ser que está constantemente expuesto al conflicto consigo mismo, pues el entorno de una u otra manera le dicta cómo debe actuar e incluso cómo debe pensar, lo cual genera una lucha por encontrar el sentido a su vida y superar sus propias limitaciones. Con lo anterior, se hace referencia a que el contexto en el cual se desarrolla una persona influye en la manera en la que este percibe el mundo. En otras palabras, la conciencia personal no es el resultado de la autonomía o la autodeterminación, sino que esta se encuentra mediada por los elementos condicionantes que le muestra el entorno social. Cuando el ser humano cuestiona esas ideas heredadas y reforzadas a lo largo de tiempo es cuando se genera esa lucha.

Desde este punto de vista, Fromm hace una crítica sobre la concepción que se tiene del ser humano como una realidad individualista y egoísta, tal como lo consideraba Thomas Hobbes (2015), quien planteaba que, “el hombre es un lobo para el hombre”. En su obra El Leviatán afirmó que:

Cada hombre considera que su compañero debe valorarlo del mismo modo que él se valora a sí mismo. Y en presencia de todos los signos de desprecio o subestimación, procura naturalmente, en la medida en que puede atreverse a ello (lo que entre quienes no reconocen ningún poder común que los sujete, es suficiente para hacer que se destruyan uno a otro). (p. 102)

De una forma alternativa, Fromm propone una visión más solidaria y comunitaria, que considera aquello que rodea al ser humano. Desde la perspectiva psicosocial, las personas tienen una necesidad del entorno, pues la relación con los demás es la que le permite realizarse plenamente. Dicha relación es fundamental para la adquisición de ciertas habilidades como la comunicación, de habilidades sociales como la empatía y es puente para alcanzar la felicidad, siendo esta aspiración un ideal de vida que se logra a través de la cooperación y una relación social más solidaria.

En las obras de Erich Fromm se destaca la importancia de la autoconciencia y la autenticidad en la vida del ser humano, interpretadas como un imperativo práctico en la vida cotidiana. La autoconciencia se relaciona con la capacidad que tiene cada uno para reflexionar sobre sí mismo y ubicarse en la realidad. Es gracias a la autoconciencia que el ser humano puede determinar quién es. Esta capacidad le permite al hombre experimentarse en el conocimiento de sí mismo y no como un extraño en el mundo. En palabras de Colín (2009):

En cuanto a la autenticidad Fromm la define como un proceso de concientización integral del conocimiento mismo del ser. El hombre tiene la capacidad de conocerse y de conocer a los demás, a profundidad, de tal forma que pueda desarrollar nuevas capacidades creadoras. Es un proceso productivo que libera al hombre de las cadenas que lo atan a la no autenticidad, y que generan en él realidades ilusorias. (p. 320)

Fromm asume que el vivir de manera auténtica está íntimamente relacionado con la felicidad y con la realización personal. Sin embargo, no es algo con lo que se nazca, pues durante los primeros años, el ser humano hace una reproducción de lo que otros le enseñan y no tiene la capacidad total de elegir o de plantearse los principios que rigen su vida. En este orden de ideas, la autenticidad es algo que se cultiva con el tiempo a través de una autoconciencia que surge y florece en relación con otras conciencias. Desde esta perspectiva es importante tener en cuenta cómo una sociedad cada vez más influenciada por el consumismo y el afán de exacerbar en el ser humano el gasto y el acaparamiento puede afectar la capacidad para cultivar la autenticidad. La idea de autenticidad es fundamental para pensar la originalidad y lo que corresponde al fomento de la creatividad humana, y que deriva en un mejoramiento de las relaciones interpersonales y de crecimiento personal, las cuales repercuten positivamente en un ideal educativo desde una perspectiva psicosocial y filosófica. Asimismo, no se desconoce la dificultad que existe para formarse como un sujeto auténtico, sin embargo, disciplinas como la psicología y la pedagogía contribuyen a dicha formación, pues pueden proponer a la persona humana desde una perspectiva holística.

Marco teórico

El presente marco teórico ofrece las coordenadas conceptuales más sobresalientes al momento de pensar la autenticidad como grilla de inteligibilidad que proyecta las relaciones entre la psicología y la pedagogía. Para esto, es necesario un acercamiento a tres obras del pensador Erich Fromm desde una perspectiva filosófica y exegética, para identificar los elementos más sobresalientes que permitan un acercamiento a la idea de lo auténtico.

El diálogo como camino hacia la autenticidad en El corazón del hombre

El corazón del hombre, obra escrita por Erich Fromm (1964), explora a profundidad el estudio de la naturaleza humana. El pensador alemán se muestra de acuerdo con lo propuesto por algunos filósofos antiguos como Sócrates, quien, a partir de su método de la mayéutica y la interacción social, que genera diálogo, demuestra que el uso racional de la palabra como disposición comunicativa permite que la deliberación sea una de las virtudes del ser humano que lo integra a un todo vinculante (polis). Este planteamiento se enlaza con lo sostenido por Aristóteles, en especial en su tesis política, según la cual la comunicación y el lenguaje son condición de posibilidad para la existencia de la vida social.

A partir de estos antecedentes de la antigüedad se afirma que el ser humano tiene una interacción permanente con los demás y no puede ser concebido como un átomo aislado y en el vacío, aislado de la sociedad. Para Fromm, y desde los antecedentes griegos, se descubre que la vida psíquica personal es el resultado de una interacción dialógica con el entorno social. La historia de vida de cada ser humano necesita de la ayuda de los otros, no solo de los padres; por ejemplo, en el nacimiento se necesita del personal médico; en la etapa escolar, de los docentes; en la adolescencia, de los amigos, etc. En definitiva, el ser humano no puede desarrollarse en el individualismo, necesita de una formación integral en donde intervienen diferentes subjetividades.

Fromm plantea que al ser humano lo identifica la capacidad de amar, sin embargo, no niega que el ser humano puede tener instintos de agresividad y competencia, es más, en el desarrollo de su obra aborda el tema del narcisismo, definiéndolo como una condición que surge de la incapacidad que tiene el ser humano de establecer relaciones auténticas con los demás.

El análisis del narcisismo es categorizado por el pensador como egocentrismo extremo y una búsqueda incansable hacia la autoafirmación que se realiza incluso a costa de los otros. Según Fromm, todos los seres humanos tienen rasgos narcisistas, pero no en el mismo grado. Una persona narcisista en extremo es descrita por Erich Fromm como alguien que se encuentra atrapado en su propio mundo y no contempla la existencia de los demás como seres que necesitan de él, sino como herramientas que permiten su validación. Ese estado de aislamiento emocional perjudica las relaciones con los demás, limita la capacidad de amar y la oportunidad de recibir amor y así mismo perpetúa un ciclo de soledad y sufrimiento.

Fromm argumenta que el narcicismo extremo es resultado de la misma sociedad, pues esta promueve y refuerza el individualismo y la competitividad. En la actualidad, la felicidad o el bienestar se miden por la cantidad de bienes materiales que se tengan lo que genera una necesidad del tener y se deja a un lado la formación del ser.

Sin embargo, y en contrapunto con el fenómeno psíquico y social del narcisismo, Fromm introduce el concepto de biofilia, haciendo referencia a la tendencia innata que tiene el ser humano hacia la vida y el amor por la misma. La biofilia se manifiesta en la intención y en el deseo de cuidar, proteger y establecer vínculos auténticos con otros seres humanos y con la naturaleza en general. Nuestro autor sostiene que el ser humano tiene por naturaleza la capacidad de amar y que esta es una característica que lo aleja de un enfoque egoísta y destructivo del mundo.2

Teniendo en cuenta lo anterior, se puede inferir que a ojos de Fromm el narcisismo es una condición enfermiza, que de una u otra manera es promovida por la sociedad; mientras que la biofilia es una característica esencial que define al ser humano y que lo distancia de un enfoque egoísta y destructivo del mundo.

Es importante resaltar que la biofilia no solo se orienta hacia las relaciones interpersonales, que se desarrollan en un contexto específico del mundo y están influenciadas por él, sino que también considera cómo estas relaciones interactúan con y se ven afectadas por un entorno más amplio. La idea de amor propuesta por Fromm es un acto que potencia la vida, es facilitador de habilidades como la empatía y de valores como el respeto y la solidaridad. En este sentido, se formula una contraposición con la noción de “muerte” que, abordada desde el narcicismo se la define como una instancia de finalización de las relaciones humanas ya que no promueve la empatía o el diálogo. La superación del narcicismo se da con el amor, siendo el pilar fundamental de la biofilia y que permite a las personas superar el yo para involucrarse en la búsqueda de la conexión profunda con el mundo que les rodea.

Desde la biofilia, el ser humano es capaz de dejar a un lado la idea de que todo lo existente gira en torno a sí mismo y que el funcionamiento del entorno debe coincidir con su manera de pensar. En la renuncia a esta forma del amor propio, que deviene en patología, empieza a florecer un modo de ser más empático y el cual pretende comprender a los demás. En la práctica del amor el ser humano se reconoce como un ser que interactúa permanentemente, esto es, que descubre que el diálogo consigo mismo es fruto de un diálogo más amplio y plural.

El amor en Erich Fromm no es visto simplemente como un sentimiento fugaz o una emoción romántica producida en el encuentro casual y la pasión instantánea, tal y como se entiende en la actualidad. Una educación desde el amor hace parte de la culminación de la biofilia, siendo el peldaño más alto en la escalera de la vida. En síntesis, es posible plantear que el amor es una acción y un compromiso consigo mismo y con los demás en donde prima el bienestar de todos, en donde no hay cabida para la competitividad negativa. A través del amor, se pueden superar sus limitaciones y conseguir un estado de realización plena.

El miedo y la alienación como afectaciones desestructurantes para la vida social en el Miedo a la libertad

Erich Fromm (1941) entiende al ser humano como un ser dotado de razón y libertad, es decir, que posee la capacidad de decidir, diferenciándose de otros seres vivos. Sin embargo, la libertad no es concebida como algo bueno en su totalidad. Dentro de la obra de Fromm se puede encontrar la distinción entre dos tipos de libertades, una que hace referencia a la superación o liberación de las restricciones impuestas por el entorno y otra a la capacidad que tiene la persona humana para elegir y desarrollarse de manera auténtica bajo sus convicciones y no sobre las que han sido inculcadas.

Fromm argumenta que la paradoja que surge entre las dos concepciones de libertad se da como resultado de que a pesar de que el ser humano ha logrado superar esas restricciones impuestas se ha enfrentado al individualismo en medio de una sociedad competitiva y egoísta que no prioriza el bienestar de todos, sino el beneficio propio.

La libertad que posee el ser humano con relación a poder elegir se convierte en una carga para sí mismo porque no es el solo hecho de tomar la decisión sino de asumir lo que puede suceder luego de tomarla. En última expresión, practicar la libertad es estar condenados a responder por nuestros actos ante los ojos de los demás.

Teniendo en cuenta lo ya dicho respecto a que el ser humano es un ser dotado de razón y de conciencia, se podría entender que eso es una característica positiva, siendo precisamente la razón por la cual el humano trasciende, pero también cae y pierde en la inercia. El miedo es una forma de caer en la inercia. Es decir que, desde la perspectiva de Fromm, la conciencia pasa a jugar un doble papel: por un lado, el positivo que se encarga de pensar, analizar y tomar decisiones que lo favorezcan y, por otro lado, el negativo que genera angustia y desesperación por los múltiples escenarios que se puedan generar en la mente al tener que tomar una decisión.

Pero el miedo está muy cerca de la libertad. De hecho, puede haber instituciones y organizaciones sociales que usan el miedo como un mecanismo para ejercer control social, disciplinamiento corporal y dominación psicológica. El uso instrumental y político del miedo ha servido para negar sistemáticamente libertades. Este fue uno de los fenómenos psicosociales agenciados por el partido nacionalsocialista en Europa durante la primera mitad del siglo xx.

En suma, el ser humano es un tinglado complejo de variables en donde se conjugan varios elementos entre ellos las emociones, y que en el ejercicio consciente y la toma de una decisión se involucran otros afectos como lo son el temor o la ansiedad. La ansiedad hace referencia a la sensación de incertidumbre, duda o temor y se manifiesta de diferentes formas, por ejemplo, el miedo a errar, la preocupación por las consecuencias o la evitación.

El miedo a la libertad se puede observar como un fenómeno inevitable en la modernidad. El hombre está condenado a ser libre y se enfrenta a un sinfín de opciones que pueden perturbar su tranquilidad.

En relación con el ser humano, Fromm también aborda el concepto de alienación, propuesto por Karl Marx.3 El autor concluye que el sistema capitalista y la industrialización que vive la sociedad actual ha provocado una desconexión entre la existencia personal y su esencia humana. La alienación se manifiesta en el trabajo, donde los hombres dejan de tener un papel fundamental en las empresas, pues pasan a ser reemplazados por máquinas, que optimizan tiempo e incluso dinero.

La revolución industrial representó una gran afectación en la condición psicoemocional de los seres humanos. Desde una perspectiva psicológica, se identifica la alienación como un mecanismo de opresión que tiene un pequeño grupo (los empresarios) que usa el trabajo de los obreros como medio de explotación y opresión, ejerciendo no solo la objetivación del trabajo humano a mera mercancía, convirtiendo en rebaño a un grupo mayoritario de personas (clase trabajadora). Esto fue descubierto por Fromm en la investigación con el grupo de Frankfurt titulado Obreros y empleados en vísperas del tercer Reich. Un análisis psicológico-social (2012).

Cabe mencionar que, en esta obra en particular, Fromm plantea que una de las formas que tiene el miedo para convertirse en un mecanismo de control social surge desde la manipulación y la explotación. La clase trabajadora desarrolla el silencio como una patología psicosocial y el miedo puede contribuir a la creación de un estado de ánimo social caracterizado por la ansiedad, la hostilidad y el resentimiento. En efecto, en el análisis empírico realizado por Fromm a obreros y empleados, en medio de un contexto dominado por el nacionalsocialismo y las discusiones con el marxismo, sobresalen tres grupos que se caracterizan por establecer diferentes relaciones entre el trabajo y las discusiones políticas de la época. Uno de estos, que puede ser caracterizado como beligerante y contestatario, estaba enterado de la impronta marxista y sus influjos en el mundo del trabajador, demostrando un alto sentido del compromiso político y la adherencia al sindicato; un segundo grupo, menos interesado en los asuntos políticos, apreciaba el valor positivo del trabajo como una posibilidad para mejorar la calidad de vida de las familias y disfrutar de algún tipo de Hobby; finalmente, un tercer grupo daba muestras de que el sentido político o familiar tenía menos relevancia que un arraigado sentido del odio dirigido a todos aquellos que tenían poder adquisitivo y parecían disfrutar de la vida.

El último grupo carece de un sentido crítico de la libertad y la igualdad, y es proclive a pensar que las cosas mejorarían si daban su voto a una autoridad poderosa, que se admiraba por su capacidad de dominación y control sobre los demás, incluso si las decisiones van en contra de su voluntad, prefiriéndola como una forma ideal de gobierno que, de ser asumida incluso en el caso hipotético, ellos mismos figurarían como un modelo a seguir (Fromm, 2012).

En este contexto, el silencio describe el carácter sumiso de un trabajador dominado por el resentimiento y una aspiración política proclive al autoritarismo. La gran intuición psicosocial de Fromm fue la de situar los sentimientos de los trabajadores en articulación a los ideales de un determinado programa político.

En la actualidad, estos análisis cobran sentido en especial por la tendencia de las organizaciones políticas, incluyendo a las educativas de otorgar a las máquinas un gran protagonismo en ciertas tareas que antes eran de exclusividad humana. En este ambiente laboral, surge el comportamiento automatizado como principal racero de valoración de la actividad humana, hecho para convertir a la clase trabajadora en meras piezas de engranaje útiles para el funcionamiento de una gran máquina, realizando actividades repetitivas y carentes de sentido. La tragedia de la automatización tiene que ver con el hecho de que el ser humano vive ensimismado realizando una actividad en modo automático, donde no hay un ejercicio consciente de lo que hace. Así, el trabajo pierde sentido, ya no es algo que favorezca el desarrollo creativo, sino un medio que permite sobrevivir, reafirmando la deshumanización.

La alienación hace que el ser humano se desprenda de sí mismo, como señala Fromm en relación con el pensamiento de Marx:

La enajenación (o “extrañamiento”) significa entonces para Marx que el hombre no se experimenta a sí mismo como el factor activo en su captación del mundo, sino que el mundo (la naturaleza, los demás y él mismo) permanece ajeno a él. (Sossa, 2010, p. 46)

Lo anterior permite ver cómo la alienación afecta al ser humano en diferentes ámbitos. Normalmente, el concepto de alienación se relaciona con la pérdida de sentido a la que se enfrenta alguien cuando es consumido por el trabajo, pero realmente se aplica a cualquier ámbito; se puede reflejar en el ámbito personal cuando alguien se desconecta de sí mismo, de sus deseos y necesidades, cuando llega incluso a olvidar quién es; en el ámbito interpersonal, cuando pierde la conexión con los demás o dicha relación se limita netamente a lo mercantil, dejando de lado la aspiración por el sentido de lo humano; en el ámbito de la naturaleza, haciendo referencia a la relación que sostiene con su entorno natural, pues lo deja de ver como un elemento que se debe cuidar y pasa a ser vista como un recurso del cual se puede sacar provecho dándole prioridad a la producción y al dinero; en fin, es un concepto que abarca la vida en general del ser humano.

Fromm sostiene que la pérdida de solidaridad y de habilidades sociales lleva al ser humano a una mayor sensación de soledad y desamparo. Es inevitable que no sienta la necesidad de pertenecer a un grupo, por lo que hará lo que esté a su alcance para lograrlo, aunque esto represente perderse a sí mismo.

La alienación produce una profunda insatisfacción. Es una sensación de no hallarse, de no poder identificar con exactitud quién se es y qué se quiere, lo cual lleva a un estado de estrés, ansiedad e incluso depresión. La falta de conexión con el entorno, con las personas que conforman el círculo social repercute en la creación de relaciones interpersonales superficiales y frágiles, donde el amor, la empatía y demás valores se ven reemplazados por la competitividad y el individualismo. Como resultado, la alienación puede contribuir de manera negativa a la salud mental. Solo gracias al amor es posible superar estados patológicos permanentes. Lo anterior lo plantea Fromm de un modo enfático en su obra Psicoanálisis de la sociedad contemporánea:

La salud mental se caracteriza por la capacidad de amar y de crear, por la liberación de los vínculos incestuosos con el clan y el suelo, por un sentimiento de identidad basado en el sentimiento de sí mismo como sujeto y agente de las propias capacidades, por la captación de la realidad interior y exterior de nosotros, es decir, por el desarrollo de la objetividad y de la razón. (Fromm, 1987, p. 63)

Una forma social que niega el trato afectuoso y amoroso ocurre con la alienación. Esta forma de reificación puede hacer que las personas caigan en la trampa del consumismo como una salida inmediata a esa sensación de soledad y de inconformidad. Los seres humanos se pueden ver arrastrados por las masas mediáticas y de consumo masivo intentando compensar ese vacío existencial, adoptando roles y estilos de vida que no les pertenecen de un modo auténtico. Esa falta de autenticidad alimenta la alienación y perpetúa el circulo vicioso caracterizado por la insatisfacción y el conflicto interno.

Con lo anterior se indica que la salud mental no es un mecanismo de adaptación que tienen los seres humanos para adecuarse a un determinado entorno social. El carácter revolucionario que plantea Fromm al momento de pensar filosóficamente los problemas psicológicos de la humanidad en los tiempos modernos alude justamente a la capacidad que tienen las instituciones educativas y las relacionadas con el cuidado de la salud mental, a asumir una idea de la adaptación y del cuidado mental en un sentido holístico y espiritual. Dicho de otro modo, esto se da cuando la sociedad está al servicio de la satisfacción de los deseos de los seres humanos en un sentido genérico, es decir, que son ideales absolutos de cuidado y de no negación de los valores trascendentales, como lo son el libre desarrollo de la libido, la libertad de expresión o de pensamiento, la libertad de locomoción, etc.

En definitiva, Fromm plantea que una sociedad sana se diferencia de una sociedad enferma en la medida que la sociedad promueve el desarrollo de la capacidad de amar al prójimo, y en consecuencia fomenta el desarrollo creativo de las capacidades, donde las personas pueden poner en práctica la lucidez de la razón y el sentido de la objetividad. De manera contraria, la sociedad insana es la que perpetúa el conflicto de un modo permanente. De este modo lo plantea nuestro autor:

Una sociedad insana es aquella que crea hostilidad mutua y recelos, que convierte al hombre en un instrumento de uso y explotación para otros, que lo priva de un sentimiento de sí mismo, salvo en la medida que se somete a otros o se convierte en un autómata. La sociedad puede desempeñar ambas funciones; puede impulsar el desarrollo saludable del hombre, y puede impedirlo; en realidad, la mayor parte de las sociedades hacen una y otra cosa, y el problema está solo en qué grado y en qué dirección ejercen su influencia positiva y su influencia negativa. (Fromm, 1987, p. 66)

Paradojas en la valoración psicosocial de la persona en Tener y ser

Erich Fromm (1976) plantea que el valor de la existencia del ser humano se divide en dos, por un lado, el valor respecto al tener y por otro lado el valor respecto al ser. El tener se refiere a las cosas que son fijas y se pueden describir y el Ser se refiere a la experiencia. El modo del tener representa una forma de existencia basada en la acumulación de riquezas, por ende, el ser humano se define según sus posesiones, a mayor cantidad de bienes mayor valor posee una persona. Esta concepción está intrínsecamente ligada a la crítica que se le hace a la sociedad capitalista en donde todo gira en torno al dinero.

El autor expone cómo la dinámica del tener repercute en la alienación. La búsqueda permanente del tener genera una actividad compulsiva, que va ligada a la sensación de vacío emocional, esto teniendo en cuenta que los bienes materiales son algo efímero que no proporciona una conexión auténtica con la vida. Los bienes materiales son una necesidad creada por el ser social y esta es una idea que vincula a Fromm con Marx. Pero con esto no quiere decir que tener aspiraciones materiales sea algo que lleve a la alienación, sino que la obsesión por la posesión sí puede alterar radicalmente la libertad, haciendo que la existencia se convierta en una esclavitud hacia la materialidad y el acaparamiento de objetos del mercado.

A medida que la cultura del consumismo se desarrolla, se intensifica la despersonalización, situación mental que convierte la conciencia humana en ser un reflejo de sus posesiones. En este orden de ideas, el tener pasa a ser un impedimento para el desarrollo del verdadero ser humano, debido a que promueve una identidad superficial y frágil. Y de este modo la formación del ser es algo que se desplaza a un segundo plano.

Fromm establece el contraste entre el modo del tener con el modo del ser. El ser contempla la existencia única que tiene como base el desarrollo de las capacidades y habilidades humanas como la creatividad, la empatía, el respeto, el amor y la conexión con los demás. El modo del ser no es un modo egocéntrico, al contrario, es un modo que reconoce la importancia del otro, concibe a los demás como parte de la realidad y tiene presente que las acciones propias pueden afectar a los demás. La subjetividad se reconoce como parte de la sociedad y a partir de ejercicios de análisis y reflexión se enfoca en el crecimiento personal y en la construcción de relaciones interpersonales sólidas.

Desde este modo, el ser no se mide por la cantidad de bienes materiales sino por la calidad humana, en otras palabras, la percepción de la vida humana que está animada por el sentido del ser valora positivamente las experiencias y el tipo de relaciones empáticas y dialogantes que se pueda ejercitar con el entorno social. En lugar de buscar una validación a partir de la acumulación de bienes, la exploración psicológica y sociológica se produce fundamentalmente a partir del desarrollo integral del sí mismo. Fromm resalta tres elementos que edifican positivamente el cuidado de sí mismo: en un sentido superior, el amor, seguido del trabajo significativo y, finalmente, la práctica de la libertad.

Amor, trabajo y libertad son elementos fundamentales para la realización del ser humano. Desde el enfoque del ser, la persona tiene la capacidad de prestar mayor atención a su existencia como subjetividad en trascendencia, que conoce y acepta su propia naturaleza, explora su potencial y contribuye no solo a su propio bienestar, sino al de la comunidad en general.

Erich Fromm, en el desarrollo de la obra Tener y ser, destaca cómo la sociedad actual ha sido impactada por el consumismo, por el afán de acumular para validarse como seres humanos. Expone que esa dinámica moderna ha exacerbado la alienación. La modernidad ha traído consigo una serie de avances en diferentes ámbitos como la ciencia, la medicina y por supuesto la tecnología, que indudablemente han determinado positivamente en la vida de los seres humanos. El avance al que se enfrenta el ser humano le plantea una realidad basada en lo material pues este trabaja en la creación de elementos y herramientas materiales y no en algo relacionado con la formación del ser.

La sociedad actual se caracteriza por el crecimiento acelerado y por el mercado globalizado. Hay una cultura de masas, en donde la mayoría de los seres humanos apuntan a lo mismo. Con lo anterior, se puede reafirmar que la sociedad postindustrial refuerza el modo del “tener”. El ser y sus relaciones se deshumanizan en aras del éxito material, contribuyendo así a la soledad, al inconformismo y al descontento generalizado.

Fromm considera que la alienación no es algo que impacte solo al individuo, sino también a las estructuras sociales que este conforma. Los conflictos éticos y emocionales que son producto de la dicotomía existente entre el modo del “ser” y el modo del “tener” se manifiestan en la perpetuación de problemas sociales tales como la desigualdad, la injusticia y la violencia.

Metodología

La metodología se formula a partir de un análisis cualitativo y de revisión documental de las obras del filósofo y psicoanalista Erich Fromm con relación a la propensión de la violencia en los entornos escolares desde un enfoque de la hermenéutica textual.

La hermenéutica, entendida como una disciplina filosófica y metodológica, se dedica a explicar los textos, sin embargo, su acción va mucho más allá, pues también busca comprender el significado de estos en su contexto histórico y social y de igual forma el impacto de la interpretación en la construcción de significados. La metodología de esta investigación se sustentará en un enfoque hermenéutico que incluye la lectura crítica, la interpretación contextual y la reflexión filosófica sobre las obras de Fromm, en especial, El corazón del hombre, Miedo a la libertad y Tener y ser. El objetivo es analizar cómo la conceptualización de la libertad de Fromm se relaciona con la violencia en los entornos escolares.

A través de una revisión documental se buscará desentrañar cómo el concepto de libertad, entendida como un estado de realización personal y autenticidad, puede verse distorsionada en contextos escolares donde la violencia se manifiesta.

A propósito de los encuentros entre pedagogía y psicología en la obra de Erich Fromm

Para Erich Fromm, la autenticidad es un valor fundamental en la vida del ser humano ya que se relaciona con la fidelidad y la lealtad que se tiene de un ser humano en el cultivo de su vida interior. Como lo expresa Nuria Obiols Suari, en su artículo Erich Fromm y la relación educativa (2020), el modo de ser auténtico sí se puede alcanzar a través de un método educativo que no convierta al educando en un objeto de condicionamiento.

Esta crítica implica un debate con la idea de la autoridad en el ámbito educativo, en especial si esta es entendida no solo como un ámbito de la dominación física, sino como una instancia de subyugación psicológica. En todas las obras que se han mencionado en este estudio persiste una crítica a los modelos autoritarios que se han creado en occidente, en especial bajo el imperativo moderno de la soberanía estatal y la superioridad política y racial.

A su vez, la autenticidad aflora cuando el agente moral plantea actos individuales y colectivos según sus propias convicciones y logra despojarse de aquello que ha sido impuesto por la sociedad. Cuando una humanidad es auténtica, desarrolla un sentido de identidad propio que no depende de factores externos o de lo que socialmente se califique como “normal” o “adecuado”.

La autenticidad debería ser entonces un objetivo del ser humano, dejar de ser “cordero” y empezar a apropiarse de lo que es: el señorío de sí. Para lograr este cometido, Fromm propone al amor. El amor es entendido por Fromm como una experiencia psicológica y fenomenológica que propicia el crecimiento personal y contribuye en el progreso de la sociedad. Es a través del amor como el ser humano forja una relación sana consigo mismo y con los demás.

De acuerdo con esa concepción de autenticidad, se da un vínculo entre la psicología y la pedagogía, pues ambas disciplinas se orientan a la formación del ser y a cultivar el potencial humano. En suma, para Fromm, a través de una educación auténtica se hace posible un proyecto perfectible de formación para las personas, basado en la premisa de que la libertad es inherente a la esencia humana. Pese a los mecanismos opresores y la violencia institucionalizada que buscan negarla, la libertad siempre encuentra la manera de emerger y prevalecer, así ha sido siempre. Desde el relato bíblico de Moisés se evidencia una historia de resistencia donde es la libertad la que finalmente triunfa sobre la opresión (Xirau, 2013).

En este sentido, podemos entender que, bajo el primado de la autenticidad, tanto la psicología social como la pedagogía contribuyen a un ideario educativo verdaderamente libertario, y el cual puede ser reconocido a partir de tres instancias:

  • La liberación histórica: la libertad es fundamentalmente una praxis histórica donde el ser humano se ha caracterizado por superar el miedo y los sistemas sociales sacrificiales que han conspirado contra el esfuerzo (conatus spinozista) por permanecer en el ser.

  • El autoconocimiento o la autoconciencia: la libertad es también la capacidad que tiene el ser humano de descubrirse a sí mismo, volver sobre sí y crear toda una experiencia moral y cognitiva de meditación y encuentro con su mundo interior.

  • El alternativismo: podría pensar que la filosofía de Fromm, y en especial su idea de la libertad, cae de manera irremediable en un idealismo utópico. Pero ello no es así porque lo que pone de presente su planteamiento es que la libertad es la capacidad de la elección y la alternativa. Su idea de la libertad es alternativista porque el ser humano siempre estará en la disposición de elegir. Una elección mediada siempre por la intención de alcanzar una mayor autoconciencia y autoconocimiento.

Resultados

Entre las variables más sobresalientes de la presente propuesta de investigación podemos destacar los siguientes hallazgos:

La influencia de la psicología en la idea del desarrollo personal

Fromm realizó un análisis a lo largo de sus obras sobre la forma en que las dinámicas socioculturales pueden conducir a la persona humana a la alienación y en consecuencia a la inautenticidad, pues es posible que la vida subjetiva se limite a ser una copia de la mayoría.

Desde la perspectiva de Erich Fromm, el ser humano no puede ser entendido de manera aislada puesto que su pensamiento, sus ideas y su comportamiento está íntimamente relacionado con un enfoque humanista4 en el sentido en el que las interacciones sociales y los contextos culturales son fundamentales en la formación de este. Para entender al ser humano es importante hacerlo de manera integral, es por ello por lo que la psicología pasa a tener un papel fundamental en el desarrollo de la autenticidad del ser humano. Fromm propone la psicología social analítica que tiene un enfoque marxista y que permite realizar una lectura integral de la base socioeconómica y de la superestructura ideológica para comprender la sociedad capitalista.

El autoconocimiento está estrechamente relacionado con el amor, en el sentido en el que una vez la persona humana reconoce quién es, e identifica sus fortalezas y debilidades, entra en un proceso de aceptación en donde el amor es fundamental. Cabe recordar que para Erich Fromm el amor es un rasgo de madurez y que es resultado de un proceso de aprendizaje.

El amor le permite al ser humano aceptarse tal cuál es, de igual forma desarrollar habilidades sociales como la empatía, puesto que al reconocer sus propias emociones puede comprender las de las otras personas y tener mejores relaciones interpersonales.

Para Erich Fromm, el amor no es un sentimiento efímero que apunte a la posesión de algo, al contrario, el amor comprende lo que es dar, el amor favorece no solo a la persona que lo da sino al entorno que lo recibe, es un sentimiento de gran impacto que facilita el desarrollo de la autenticidad en el sentido que deja de tener temor por la reacción de los demás al mostrarse tal como es. Si la humanidad tiene como base el amor propio, el ser humano puede ser auténtico no porque los demás no vayan a opinar sobre él sino porque a partir del ejercicio introspectivo del autoconocimiento ha sentado las bases sólidas de su personalidad.

¿Cómo pensar una educación para la formación de una humanidad auténtica?

En cuanto a la pedagogía, esta se entiende como la ciencia o la disciplina de la educación. A partir de esta se desarrollan métodos y técnicas que facilitan el proceso de aprendizaje y el desarrollo integral. La pedagogía implica la reflexión sobre los procesos formativos no solo orientados al conocimiento académico sino a las diferentes dimensiones como la emocional y la social. En palabras de Miguel Santos, “la Pedagogía es un saber que fusiona idea y experiencia práctica en torno a formatos de intervención y gestión educativas en contextos formales, no formales e informales de aprendizaje y crecimiento moral de las personas” (Santos, 2019).

Desde esta visión, la pedagogía cumple un papel fundamental en la formación integral y no puede verse únicamente como un proceso de transmisión de información, sino como un proceso transformador que le permite al ser humano descubrir y establecer su identidad. De esta manera, los postulados de Fromm sugieren para los educadores el compromiso de orientar hacia la activación del pensamiento y no solamente a memorizar y replicar lo que otros han dicho. Es tarea de este ideario educativo fomentar dentro de los espacios formativos el respeto hacia las diferentes experiencias y la valoración a la expresión personal del conocimiento. Estos elementos son las bases para la formación del pensamiento crítico.

El ideal pedagógico de Erich Fromm se centra en la crítica a los modelos educativos tradicionales en los que se decodifican a los sujetos, pero no leen su mundo interior y repiten sin haber interiorizado el contenido, etc., y en donde se limitan a obedecer. Los modelos tradicionales contemplan en gran medida la obediencia limitando el desarrollo de las personas, el temor es algo que está presente, por ende, las personas evitan expresar lo que piensan y actuar según sus propias convicciones.

Por lo anterior, Erich Fromm propone una pedagogía que estimule el pensamiento crítico y la creatividad, pues, de este modo, los educandos pueden formarse como seres auténticos. La propuesta de Fromm tiene como objetivo que los seres humanos sean actores activos en su desarrollo personal y social.

Educar para la autenticidad en la actualidad es un gran reto, teniendo en cuenta la fuerza de las masas y la cultura tradicional. Erich Fromm identifica una crisis de autenticidad como un fenómeno característico de la edad moderna.

Según Fromm, la autenticidad se logra a partir de una fractura de lo tradicional. Si se hace una revisión y un análisis de los valores tradicionales, la cultura occidental orienta al ser humano a tener un comportamiento apolíneo basándose en la sumisión y la obediencia, reprimiendo así el comportamiento natural del hombre, lo cual es un limitante en el desarrollo de la autenticidad.

La autenticidad requiere de un arduo proceso de autoconocimiento, de fortaleza y de decisión, puesto que es lo que le va a dar a la humanidad un horizonte para explorar y descubrir su verdadero yo. Cabe recordar que cuando se descubre la existencia de una subjetividad con potencial y sentido de la trascendencia, se rompe con lo tradicional y es posible que la persona se exponga a un rechazo social, por lo que es necesario que el ser humano esté dotado de herramientas que no le permitan desistir de ir hacia el encuentro con el ser auténtico.

Ahora bien, cuando se habla de un ser humano auténtico no se hace referencia a aquel que toma decisiones egoístas vulnerando los derechos de los demás, sino, al contrario, de una entidad llamada a mantener el equilibrio entre su propio ser y las demandas del exterior. En esta subjetividad auténtica prevalece el modo del “ser”, es decir que no se define por sus bienes materiales, ni por su imagen pública sino por las cualidades que sobresale por sus maneras de sentir o de pensar.

En el desarrollo de la autenticidad el ser humano no solo busca el beneficio propio sino el de la comunidad en general, poniendo como eje central, el amor. Erich Fromm desarrolla la idea del amor maduro, haciendo referencia al amor que sobrepasa el egocentrismo, pues implica un deseo de conectar con los demás, el ser humano bajo el amor maduro deja de ubicarse en el centro y de actuar por beneficio propio y le da mayor importancia a su entorno, fortalece habilidades como la empatía y el respeto. En este sentido, el amor es una forma de expresar la auténtica forma esencial del ser humano, y la cual es el sustento del amor social, en las formas de la cooperación, la solidaridad, la proxemia y la familiaridad, la empatía, etc.

A lo largo de la obra de Erich Fromm se hace evidente la crítica a la sociedad moderna basada en el capitalismo, pues considera que esto provoca una deshumanización del ser humano. El capital es una máquina productora de infelicidad, donde el ser humano es un medio, es decir, una herramienta de trabajo que debe limitarse a cumplir y que pierde esa esencia humana que lo caracteriza, ahora bien, esa descripción corresponde a la clase obrera.

Erich Fromm, en su obra Psicoanálisis de la sociedad contemporánea (1987) , plantea que la sociedad puede comportarse de dos formas, por un lado, la sociedad sana fundamentada en el amor y por otro lado la insana, la cual define como:

Aquella que crea hostilidad mutua y recelos, que convierte al hombre en un instrumento de uso y explotación para otros, que lo priva de un sentimiento de sí mismo, salvo en la medida en que se somete a otros o se convierte en un autómata. (Fromm, 1987, p. 66)

En ese orden de ideas, para el autor, la sociedad en cumplimiento de las dos funciones tiene gran influencia en la formación de subjetividades, así como puede impulsar el desarrollo integral de este, también puede impedirlo.

Para Fromm, es necesario abrir espacios donde la humanidad realmente pueda crecer como humanidad y no como máquina de producción; espacios en donde la autenticidad no solo sea un mero concepto filosófico del que se habla, sino una realidad vivencial en los ámbitos sociales y de las instituciones, proclives a la desestructuración subjetiva y la interiorización del miedo como una estrategia para la dominación y la enajenación de las voluntades.

De igual forma, se resalta la importancia del autoexamen, de la reflexión en la búsqueda del hombre auténtico. Para Fromm, el proceso de autoconocimiento es fundamental en el desarrollo de la autenticidad. La reflexión personal le permite al ser humano realizar un análisis profundo sobre sus motivaciones, sus deseos y los condicionamientos sociales que le han forjado a lo largo de su vida. La atención plena sobre la existencia, el cuestionamiento de las creencias heredadas y la comprensión de la historia personal son herramientas que favorecen el proceso de autoconocimiento. De acuerdo con ello, se puede decir que el ser humano auténtico es aquel que no le teme a encontrarse consigo mismo, aquel que tiene la capacidad de reconocer sus fallas y sus miedos, no desde la crítica destructiva sino desde la empatía a sí mismo para emerger con una identidad propia, forjada desde su interior.

La relación que tiene la persona humana con la sociedad también es un tema de gran relevancia dentro del pensamiento de Erich Fromm, pues para él, el ser auténtico no solo se puede fundamentar en un proceso interno, sino que también exige una conciencia social y un compromiso por el bien de la comunidad en general, el entorno pasa a tener un papel muy importante, esto teniendo en cuenta que el ser humano es un ser social por naturaleza y que sus acciones afectan a quienes lo rodean.

La autenticidad se encuentra en la capacidad que se desarrolla para cultivar relaciones significativas con el otro, también en la potenciación de la empatía en las variables de la escucha activa, el respeto, la responsabilidad y la contribución a la sociedad. Puede entenderse que el ser humano auténtico es un ser social que reconoce la interconexión que hay con los demás y el impacto que pueden tener sus acciones en el tejido social. En ese orden de ideas, la búsqueda del ser humano auténtico es un trabajo colectivo que se traduce en la lucha de una sociedad más justa y humanitaria.

El ser humano puede dedicarse toda su vida a realizar el ejercicio introspectivo de reflexión, pero si su entorno no genera cambios, para él será muy difícil llegar a consolidar su autenticidad. Si la sociedad permanece bajo ideales del modo del “tener”, todo girará en torno a la acumulación de bienes y a seguir tendencias materialistas que dificultan el cambio en los estilos de vida.

La búsqueda del ideal de la autenticidad es una tarea que necesita de un trabajo continuo. Sin embargo, es claro que se trata de una actividad que no es fija o estática. Con esto se hace referencia a que no es una meta que permanezca, pues en una sociedad dinámica, el ser humano auténtico también lo es, no hay una conclusión definitiva, sino que es un viaje personal y colectivo que se va construyendo a lo largo de la vida y que está expuesto a modificaciones. En este sentido, el ser humano auténtico se convierte en un explorador de su propia existencia, en un ser que permanentemente cuestiona, aprende y crece.

Conclusiones.

La libertad como condición de posibilidad para la realización personal

Para Erich Fromm, el concepto de libertad es un término que se puede comprender de diferentes formas, en el sentido en que el ejercicio de este fenómeno moral puede hacerse de manera positiva o de manera negativa. Si se hace de manera positiva, contempla la capacidad que tiene el ser humano para realizar su potencial, desarrollar su personalidad y contribuir a la sociedad. En cambio, si se hace de manera negativa, se presenta una ausencia de vínculos sociales, lo que puede llevar a la vida psíquica hacia la soledad y a la alienación.

Según el autor, la libertad es un elemento vital en el desarrollo personal, pues la auténtica libertad se define como un ámbito de autorrealizaciones (ciencia, arte y filosofía). Fromm (1941) considera que:

El único criterio acerca de la realización de la libertad es el de la participación del individuo en la determinación de su propia vida y en la de la sociedad, entendiéndose que tal participación no se reduce al acto formal de votar, sino que incluye su actividad diaria, su trabajo y sus relaciones con los demás. (p. 311)

Entonces, la libertad es un camino hacia la autenticidad que se ve obstaculizado por diferentes factores. En este sentido, una pedagogía ajena a las ideas de libertad o autenticidad puede tornarse fácilmente en una disciplina orientada para la domesticación y el adiestramiento y deja de ser una ciencia educativa para la liberación. Si se ejecuta de manera autoritaria, la pedagogía se hace proclive al conductismo y la manipulación.

En su lugar, y en diálogo con la propuesta de Erich Fromm, entendemos en este trabajo que la pedagogía es un arte de la liberación. Entendiendo con ello un saber que promueve un ambiente en donde los seres humanos se sientan tranquilos y seguros de explorar sus intereses y desarrollar un pensamiento independiente. De esta manera, la enseñanza está llamada a estimular a los aprendices el cuestionar, a abrirse a nuevas experiencias y a aceptar las diferencias (ver en ellas una oportunidad de aprendizaje), contribuyendo a la formación de su identidad.

La libertad, desde la perspectiva de Erich Fromm, cumple un papel importante en la realización personal y en el desarrollo de la autenticidad. Esta se convierte en un pilar para lograr una vida plena y significativa, pues invita al ser humano a explorar su identidad, a actuar de manera responsable y a cultivar conexiones auténticas con los demás fundamentadas en el amor.

El equilibrio entre tener y ser para la construcción de la identidad subjetiva

El modo del “tener” hace referencia a la acumulación de bienes y a lo que corresponde a la sociedad moderna en cuanto a las riquezas y los elementos materiales. Se enfoca en la importancia de la propiedad privada y en el control sobre los bienes y sobre las personas. En la sociedad consumista en la que actualmente vive el ser humano, la identidad muchas veces se construye a través de lo que se posee; el valor de una persona se mide frecuentemente por su capacidad de adquirir y acumular, es decir que la cantidad de bienes es un criterio de medida para determinar la esencia de una persona. Esta es una valoración que en un sentido psicológico y pedagógico resulta ser equivocada.

Ahora bien, en cuanto al modo del “ser”, este se relaciona con el desarrollo interno de la persona y con el tipo de relaciones que se establecen. Desde esta perspectiva, la identidad se construye a partir de las experiencias propias, de las emociones y del crecimiento personal. Tiene como eje central la reflexión. El modo del “ser” implica un sentido de conexión con uno mismo y con los demás, contempla una vivencia en donde los valores como el amor o el sentido de la libertad cumplen un modelo ideal a seguir y en donde los bienes y las riquezas son desplazados a un segundo plano en aras de potenciar el desarrollo humano siendo este el verdadero protagonista de su formación.

Fromm argumenta que en la actualidad el modo del “tener” es el que predomina, por lo que los seres humanos experimentan una crisis de identidad. En una sociedad en donde todo gira en torno a lo material, en donde el valor se relaciona con la cantidad de posesiones se empieza a experimentar un vacío existencial, ya que la satisfacción que proporcionan las cosas materiales es algo efímero y superficial. Esta dinámica del tener hace que las personas pierdan el sentido, olviden quiénes son y se centren únicamente en producir y producir para que en algún momento logren sentirse satisfechos, sin embargo, por más posesiones que se tengan si no se sabe quién es, el vacío existencial va a permanecer.

En contraposición, el modo del “ser” busca restaurar una conexión más profunda con la esencia humana y con la capacidad que tienen los seres humanos de amar. Este enfoque no se centra en las posesiones, sino en el ser como tal, en lo interno. Reconoce la importancia que tienen la relación intrapersonal en la configuración de una vida interior enriquecida por vivencias solidarias y basadas en el amor social.

El dilema entre los modos del “tener” y del “ser” es un conflicto presente en la vida de los seres humanos. Hay quienes se ven atrapados en la dinámica del tener, desgastando su vida en adquirir y acumular bienes sin satisfacer plenamente sus necesidades del ser. Esta lucha permanente por el tener puede llevar a un descontento existencial, pues lo que alimenta al ser no se puede comprar.

Según Erich Fromm, la construcción de la identidad auténtica exige un cambio en la dinámica de la sociedad en donde se valora más el “tener” que el “ser”. Dicho cambio implica el reconocimiento de que la esencia humana se encuentra en la capacidad de amar.

Las ideas de Erich Fromm tienen profundas implicaciones en disciplinas como la psicología y la pedagogía. En el ámbito de la psicología, los profesionales pueden asumir vitalmente los conceptos abordados por Fromm en su práctica, llevando así a los pacientes a trabajar en el autoconocimiento para identificar los patrones del “tener” y fomentar un enfoque hacia el “ser”. Esto podría aportar de manera significativa en el cuidado de la salud mental y en el desarrollo de una vida plena.

En el contexto educativo, la pedagogía de la autenticidad es esencial para preparar a los aprendices para la vida. Las instituciones educativas y el cuerpo docente están en la responsabilidad de enseñar a los niños, niñas y adolescentes no solo a sobresalir en un sistema basado en el “tener”, sino también a trabajar y desarrollar su identidad a través del “ser”. Esto implica una formación integral, en donde se le dé mayor reconocimiento a la formación de habilidades sociales y que afianzan el pensamiento crítico.

En este orden de ideas, consideramos que, desde una evocación a la pedagogía del amor, y en un diálogo directo con Paulo Freire (Romão, 2018), es factible superar el mal que genera el miedo a la libertad, el individualismo narcisista y en general todas las patologías que describe Fromm a propósito de una sociedad alienada, para proponer un ejercicio esperanzador y dignificante del ejercicio docente. En especial, si pensamos que una pedagogía del amor es la articulación de dos elementos fundamentales en el acto de la enseñanza: disposición afectiva y la interacción edificante. Es decir, la disposición afectiva tiene que ver con una idea de la enseñanza como práctica afectuosa de apertura al conocimiento y donde la subjetividad del maestro es reivindicada por su relación activa y creadora con la ciencia y la disciplina que socializa a los educandos; en segunda instancia, tal apuesta motivacional que nos recuerda la figura modélica de Sócrates y su búsqueda permanente de un ideal del conocimiento como mayéutica y descubrimiento a partir del diálogo entre el concepto y la pregunta, requiere de un nosotros que propenda por una interacción edificante. Son los estudiantes, la voz plural de un universo social diverso y deseoso del conocimiento, quienes tienen el poder de convertir su un espacio educativo en una praxis crítica (Romão, 2018).

Justamente, fue la pedagogía del amor, entendida como la unión entre la disposición afectuosa con la interacción edificante, las pista que nos dio Paulo Freire en la enseñanza de la alfabetización a campesinos y obreros en las ciudades de Brasil y Chile, en donde llevó a la práctica su apuesta pedagógica revolucionaria (Romão, 2018).

En síntesis, esta pedagogía del amor le devuelve al maestro su verdadera razón de ser y lo saca del bucle autodestructivo que genera el miedo impotente. Paulo Freire descubrió ese tipo de enseñanza a través de la creación de los círculos de la cultura que fue organizando en las comunidades de obreros en países como Chile y Brasil. Allí logró conectar la ciencia de los intelectuales con las clases populares, y en este ejercicio descubre que el saber es una experiencia aterrizada en el hecho, que es un sentido común que se va construyendo entre los educandos y en general con las personas que integraban estos círculos de la cultura.

Valga señalar que todas estas apuestas alternativas que se proponen con la pedagogía del amor se desarrollan en contextos de autoritarismo y dictadura militar, y de los que Freire logró experimentar, pero sin rendirse ante el miedo impotente. Es decir, que sus enseñanzas son la armas que tienen los maestros para derrotar escenarios educativos dominados por los deseos de tener, el fomento de la competitividad y el narcisismo individualizante, la alienación, etc.

Es claro que la psicología y la pedagogía tienen convergencias en cuanto al desarrollo de la autenticidad del ser humano. Bajo la perspectiva de Erich Fromm se puede evidenciar un enfoque que trasciende la superficialidad del bienestar individual y se centra en la esencia misma de la existencia humana: la búsqueda de la autenticidad.

Fromm, con su visión crítica sobre la sociedad moderna y con su enfoque humanista, ofrece herramientas conceptuales importantes para comprender que la autenticidad no solo es un deseo del ser humano, sino que es un elemento fundamental para el desarrollo integral en una sociedad que frecuentemente da prioridad a la conformidad y la búsqueda del bienestar material.

En el desarrollo de la obra de Fromm se resalta la importancia de la conexión existente entre las personas y la sociedad, señalando que la autenticidad no es algo que se logre de manera aislada desde el individualismo narcisista. El ser auténtico surge principalmente en un contexto de relaciones interpersonales sanas y significativas. En este sentido tanto la psicología como la pedagogía deben enfocarse en la creación de espacios que promuevan la autenticidad. La psicología, al considerar las dinámicas internas del ser humano, debe promover el autoconocimiento y la reflexión liberándose de los ideales sociales que anulan el valor humano si no se tienen bienes materiales. Por su parte, la pedagogía tiene la responsabilidad de abrir espacios de aprendizaje en los cuales se favorezca el pensamiento crítico.