Bio-grafía
Universidad Pedagógica Nacional
REFLEXIONES A PARTIR DE UN
ENCUENTRO SOBRE LA PERCEPCIÓN
DEL CAMBIO CLIMÁTICO CON NIÑOS
Y ADOLESCENTES EN LA CAPITAL
ECUATORIANA
Reflections from a Meeting on the Perception of
Climate Change with Children and Teenagers in the
Ecuadorian Capital
Reflexões a partir de um encontro sobre a percepção
das mudanças climáticas com crianças e adolescentes
na capital equatoriana
Para citar este artículo: Estévez, I. (2024). Reflexiones a partir de un encuentro sobre la percepción del cambio climático con niños y adolescentes en la capital ecuatoriana. Bio-grafía, 17(33), 160-168.https://doi.org/10.17227/bio-grafia.vol.17.num33-19148
Introduccción
El cambio climático es concebido como un problema
relevante del presente siglo, dada la multiplicidad de
impactos que ejercerá en varios sectores a nivel mundial
(Olmos Martínez et al., 2013). Se prevé que dichos impactos serán mayores en las zonas urbanas, debido a la gran
concentración de personas y las actividades transformadoras del medio natural, que afectan el ambiente atmosférico y al clima (Fernández García, 2007). Según el Grupo
Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático
(ipcc), los impactos climáticos en las urbes aquejarán
sobre todo a los sectores socioeconómicamente más
marginados; es decir, barrios o comunidades levantados
sobre asentamientos no planificados e informales, de las
regiones costeras o montañosas, en donde la población
mayoritaria conformada por mujeres y niños sería la
más afectada, en razón de su mayor exposición y menor
capacidad de adaptación (IPCC, 2022).
Lo anterior y los resultados de un encuentro para el
estudio de percepciones acerca del cambio climático
con un grupo de niños y adolescentes de los barrios del
noroccidente de Quito, motivaron la realización de este
trabajo. Tales barrios, al igual que muchos otros de Latinoamérica, siguen creciendo a un ritmo acelerado y sin
la planificación adecuada, lo cual agudiza su vulnerabilidad ante los impactos del cambio climático (Delgado
Ramos et al., 2012; IPCC, 2022). El riesgo aumenta cuando
esos factores confluyen con el peligro que supone la
construcción sobre la topografía de las faldas del volcán
Pichincha, la deforestación y las fuertes precipitaciones
que en la cordillera occidental de los Andes en Quito ya
han causado al menos 15 desastres –aluviones y deslaves– entre 1975 y 2022 (Gómez y Cuvi, 2016; Noboa,
2022). Se trata de barrios quiteños que, además, presentan pobreza y un bajo nivel de instrucción (PNUMAA y
FLACSO Ecuador, 2011).
El encuentro con los niños y adolescentes se hizo para profundizar el estudio de representaciones, visiones y percepciones dentro de un programa de formación de posgrado. Así, siguiendo a Ingold (2000), para quien la percepción que los individuos mantenemos del mundo se basa en la experiencia práctica material concreta con el entorno, se buscó conocer si existe una percepción del cambio climático en relación con el contexto local; sin embargo, los resultados revelaron todo lo contrario. Esto es de interés pues, como se ha dicho, los barrios en las faldas de la cordillera occidental de Quito son susceptibles a la crisis climática, de ahí que la magnitud de sus posibles impactos pudo haber puesto a reflexionar a más de uno, en los últimos aluviones de 2019 en Pinar Alto o los de 2022 y 2024 en La Gasca y La Comuna. Se exhorta entonces la necesidad de abordar la enseñanza del cambio climático desde una educación transdisciplinaria y situada en los distintos contextos territoriales, pero también asumiendo una posición activista y política decolonizadora que inculque el respeto a la naturaleza y fomente el valor de lo subjetivo desde el decrecimiento. Eso es fundamental para reivindicarse ante el sistema económico globalizado y el modelo civilizatorio, los cuales, por justas razones, son responsables de más de una injusticia socioambiental, incluyendo la actual crisis climática.
Metodología y desarrollo de la experiencia
La tarde del 19 de septiembre de 2019, se desarrolló un
encuentro en un centro educativo de Quito, que recibe
en su mayoría a estudiantes de los barrios del norte
asentados en la cordillera occidental de la ciudad. Con el
objetivo de conocer la percepción del cambio climático
y la relación con el contexto de los barrios, se aplicó la
técnica del dibujo, por ser apropiada para trabajar con
niños y jóvenes (Tanner et al., 2008). El método elegido
permite, entre otras cosas, profundizar en determinados temas, sin el rechazo que generan las pruebas y las
encuestas, en medio más bien del disfrute y la relajación
(Arto Blanco, 2009; Barraza, 1999).
Se solicitó a los y las asistentes que graficaran en una
hoja en blanco lo que perciben acerca del cambio climático y después se hicieron preguntas respecto a las
causas, consecuencias y acciones de mitigación, con el
fin de estimular narrativas complementarias y aclarar
la percepción (Aguilar, 2019; Arto Blanco, 2009). Posteriormente, se procedió con una segunda ronda de dibujos para que representaran lo que ocurre en los barrios
durante las épocas con más y menos lluvias; y una vez
reunida toda la información, se hizo un análisis de contenido en el marco de la epistemología cualitativa y descriptiva (Aguilar, 2019). El taller duró dos horas y contó
con la participación de 20 estudiantes de entre 11 y 17
años elegidos al azar, quienes estuvieron acompañados
de una moderadora y sin la presencia de los docentes,
para evitar que eso influenciara en su desenvolvimiento
(Aguilar, 2019). El encuentro se realizó con el permiso
correspondiente y se aplicó el Código de Ética de Investigación de FLACSO, sede Ecuador.
Resultados
.1 Cambio climático: definición, causas y efectos
La percepción de varios participantes acerca del cambio climático es la de un modelo dicotómico (Arto Blanco, 2009), ya que contrastan episodios de sol y lluvia intensos (figura 1). Adicionalmente, la definición del cambio climático en algunos casos se confunde con la del calentamiento global, que, a pesar del vínculo, no es lo mismo. En cuanto a las causas, solo un dibujo se acercó a la relación entre el cambio climático y la producción de gases que atrapan calor, pero sin ser alusivo a los combustibles fósiles (figura 2). No obstante, la analogía entre la quema de estos últimos con la acumulación de gases de efecto invernadero que ocasionan el calentamiento global fue expuesta en narrativas, al igual que el nexo entre el cambio climático con problemáticas ambientales, tales como la contaminación por basura y la quema de bosques. Otras razones expuestas por los participantes fueron: “Por la contaminación del que sale de los carros”; “Cosas tóxicas… los humos de las fábricas, los buses, los carros que andan por toda la calle”; “Los humos de las empresas… la basura que botan a los ríos… el smog…”; “Por el calentamiento global…”. “[…] se contamina el planeta y se rompe la capa de ozono, así pasan más rayos solares y por ende hay más calor…”.El cambio climático se percibe, así, como un fenómeno producido por las actividades humanas, especialmente las relacionadas con la industria.
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Figura 1. Percepción dicotómica del cambio climático.
Fuente: dibujo de un participante de 13 años.
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Figura 2. Percepción de causas del cambio climático.
Fuente: dibujo de una participante de 12 años.
En otro aspecto, el cambio climático es visto como un suceso que tiene múltiples efectos. Esto se manifestó en una variedad de dibujos que aludían a representaciones de fenómenos meteorológicos, como las granizadas y las ráfagas de viento, u otros eventos relacionados con el aumento del nivel del mar, las crecidas de agua frente a su escasez o las sequías y los incendios forestales (figura 3). Los cambios en la agricultura también fueron vistos como una consecuencia del cambio climático, como muestra este dibujo alusivo a un huerto, y del cual su autora dijo “[…] se dañan los sembríos, pero también puede ayudar a otros que son recién sembrados”.
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Figura 3. Percepción de las consecuencias asociadas al cambio climático
Fuente: en la fila superior, dibujos hechos por participantes de 13, 12 y 14 años; y en la fila inferior, dibujos de participantes de 11,
15 y 14 años.
La percepción de la afectación a los ecosistemas ejemplificando el derretimiento de los glaciares en los Polos, y su impacto sobre las especies que ahí habitan, también fue referida como otra consecuencia del cambio climático por la mayoría de los participantes (figura 4). Sobre eso dijeron que “los osos se están muriendo porque ya no tienen nieve” o que “el cambio climático es un calentamiento global, así que por eso se están evaporando los hielos del Polo Norte y del Polo Sur y los pingüinos están perdiendo su hábitat”. Otras narrativas relacionadas con la afectación a los seres vivos fueron: “Tienen calor, sus hábitats cambian y por eso ellos mueren porque ya están adaptados a ese clima”; “[…] empieza la extinción prematura…”; “Cambia el ecosistema al que ellos están adaptados. Antes tenían una selva bien bonita y ahora es un lugar seco con mucho sol, poca agua, es un desierto feo ya”; “Ya no tienen que comer y se mueren”; “Por mucho cambio climático se comienza a secar las hojas”. El cambio climático se percibe, entonces, como un fenómeno al que muchas especies no se podrán adaptar, lo que desencadenará en su extinción, a consecuencia de la alteración en la producción natural de alimentos y la transformación de los ecosistemas, también ocasionados por el cambio climático
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Figura 4. Percepción de afectación del cambio climático en los ecosistemas.
Fuente: dibujos hechos por participantes de 12 y 13 años.
Un último efecto del cambio climático no fue referido en los dibujos, pero sí en narrativas, como “el descongelamiento puede traer algunas enfermedades” o “hay muchas enfermedades que están atrapadas”. Con ello, se muestra una percepción asociada con las repercusiones de los impactos climáticos en la salud, como respuesta a la liberación de virus o bacterias causantes de antiguas enfermedades por el aumento de la temperatura.
.2 Cambio climático en los barrios del noroccidente de Quito
Solo el dibujo de una niña de 12 años asoció los eventos climáticos con los problemas de movilidad automovilística que se presentan cuando llueve en su barrio (figura 5). En la segunda ronda de dibujos, sin embargo, los participantes en general mostraron un claro conocimiento de su territorio, pues perciben la expansión acelerada de sus barrios y la ubicación topográfica de estos en las laderas. Igualmente, distinguen problemáticas como el inadecuado sistema de alcantarillado, que colapsa cuando las lluvias son más abundantes, y los efectos derivados, como el flujo de agua abundante en las calles (figura 5).
![[Uncaptioned image]](https://revistas.upn.edu.co/index.php/bio-grafia/article/download/19148/version/22818/14575/81980/f5.png)
Figura 4. Percepción de los barrios de los participantes en las épocas de invierno y verano.
Fuente: Dibujos hechos por dos participantes que olvidaron registrar su edad, excepto el último, que pertenece a una participante de
12 años.
Discusión y reflexiones
El cambio climático es percibido por los asistentes al
encuentro como un fenómeno real, del cual, independientemente de su situación socioeconómica, tienen
un vasto conocimiento relacionado con el discurso científico y otros saberes académicos. Esto es similar a lo
hallado por Arto Blanco (2009) en su investigación para
conocer la narrativa y el discurso del cambio climático
con estudiantes de educación primaria y secundaria
en Galicia. De acuerdo con los niños y adolescentes, el
conocimiento sobre este fenómeno lo han adquirido
en su establecimiento educativo y los textos escolares;
sin embargo, este es muy general y no necesariamente
guarda relación con el contexto local o regional, según se
aprecia en la percepción de afectación a los ecosistemas
de latitudes lejanas, como los polos. Lo mismo ocurrió
con un alto porcentaje de estudiantes en el estudio de
Arto Blanco (2009) (figura 4). Ni siquiera el aluvión de
Pinar Alto en las laderas occidentales de Quito –ocurrido
seis meses antes del taller, durante una tarde de fuertes
precipitaciones, y por supuestas causas atribuidas a la
tala ilegal– fue expresado por los asistentes, aun cuando
tenían conocimientos sobre este, según lo manifestado
en una consulta casi al término del encuentro. Tampoco
se plasmaron en los dibujos ideas sobre el deshielo de los
nevados ecuatorianos, como el Cotopaxi, visible desde
la ciudad de Quito, y cuyas causas se atribuyen al calentamiento global (Rhoades, 2008).
Se podría decir, entonces, que no existe una percepción
de la vulnerabilidad ante el cambio climático asociada
con el territorio de los participantes del encuentro, lo
cual puede deberse a que la percepción, como la plantea Ingold (2000), es el resultado de la experiencia práctica material concreta de los individuos con el entorno
y eso supone una respuesta inmediata frente a algo
tangible. En otras palabras, es muy probable que mientras los habitantes de los barrios asentados en las laderas de Quito no experimenten los impactos de eventos
directamente atribuidos al cambio climático, no van a
contar con una percepción de este fenómeno en su contexto específico y, por lo tanto, no lo vincularán con la
vida cotidiana (Leiserowitz citado en Oltra et al., 2009;
Carvalho y Steil, 2012). Lo anterior contrasta con otro
encuentro sobre percepciones realizado por la autora
con estudiantes de la zona cero del aluvión de La Gasca
y La Comuna de 2022 en Quito, pero en el que ya se relacionó el desastre con el cambio climático. Esto muy probablemente se explica porque entre los distintos factores
por los que se produjo el aluvión, que dejó numerosas
pérdidas humanas y materiales, estuvieron las inusuales
precipitaciones del mes cuando ocurrió (Noboa, 2022).
La falta de nexos en la percepción del cambio climático con el entorno de los niños y adolescentes también
podría obedecer a la pasividad del sistema educativo.
González y Meira (2020), quienes se respaldan en la
paradoja de Giddens (2010), aluden a que la inacción
obedece a la ausencia de impactos visibles e inmediatos,
pero también advierten que podría ser demasiado tarde
cuando se tome la decisión de actuar. Si bien el Ministerio de Educación del Ecuador incluye en los contenidos
curriculares la temática del cambio climático –aspecto
que resulta favorable, teniendo en cuenta que la educación es un eje crucial en el abordaje de la crisis climática, de acuerdo con el IPCC(2022), el Marco de Sendai
(UNISDR, 2015) y los Objetivos de Desarrollo Sostenible
(ODS) (United Nations, 2021)–, es preciso cuestionarse si
la transmisión del conocimiento científico de las ciencias
naturales concerniente al cambio climático basta para
enfrentarse a lo que se considera “el desafío más importante de la humanidad para el presente siglo” (González y Meira, 2020, p. 157). En ese sentido, reconociendo
que el cambio climático es un fenómeno atmosférico,
pero también social, se propone que su aproximación
a la educación sea holística y entreteja conocimientos con acciones decolonizadoras (Walsh, 2013), para
desde ahí apuntar al cambio de los paradigmas sujetos
al adultocentrismo y al modelo económico basado en el
crecimiento, en conjunto con las bases comunitarias y
la estructura social de los barrios vulnerables a la crisis
climática en Quito.
No se puede establecer un modelo único a seguir en la
enseñanza del cambio climático en un determinado contexto; sin embargo, se debe tener en cuenta, como señala
Calero (2017), que el conocimiento local y particular de
un territorio es el principal mecanismo de respuesta de
sus habitantes ante el cambio climático. Aunado está lo
presupuesto por Welz y Krellenberg (2016), para quienes
la vulnerabilidad a la crisis climática depende de cada
contexto. Se sugiere, entonces, que la educación del
cambio climático en los barrios occidentales de Quito
se sitúe y se transversalice desde el entendimiento del
contexto sociogeográfico, lo cual conlleva enseñar sobre
el riesgo topográfico, la acelerada expansión urbana y
la propensión a los aluviones. De este modo, se podría
impulsar un activismo comunitario que, sin subestimarse, podría ser crucial para la gestión del riesgo
urbano en esos barrios, donde aparentemente la problemática del cambio climático no se discute entre sus
habitantes, según lo expresado por los participantes del
encuentro. Experiencias en Australia y Sudáfrica resaltan
la capacidad de agencia política y de coinvestigación de
niños y jóvenes para enfrentar el cambio climático desde
la salud y la educación (Chersich et al., 2019; Cutter-Mackenzie y Rousell, 2019). Es posible, entonces, pensar en
la participación de la niñez y adolescencia en los comités barriales y en el diálogo con las autoridades, o en
campañas de comunicación periódicas dirigidas a la
comunidad, mismas que podrían potencializarse desde
las redes sociales y otros medios de comunicación, que
son a la vez las fuentes por las cuales los asistentes al
encuentro se informan del cambio climático. También
es necesaria la intervención de las instituciones de educación superior y otros centros de investigación en la
formación de los docentes en disciplinas como la ecología urbana, la ecología política, la gestión de riesgos,
la comunicación y la psicología. Así, se podría promover un activismo comunitario desde las aulas, que esté
basado en el conocimiento transdisciplinario y el uso de
estrategias de comunicación adecuadas que no generen
temor, pero que concienticen a los estudiantes sobre la
vulnerabilidad de sus barrios ante el cambio climático
y las estrategias comunitarias que podrían adoptar para
mitigar sus impactos.
Otro punto clave para la mitigación de la crisis climática
es el decrecimiento (IPCC, 2022). Aunque para autores
como Gudynas (2023), la adopción de esta corriente de
pensamiento nacida en Europa agravaría los problemas socioeconómicos de los países latinoamericanos,
es importante no seguir idealizando soluciones como
el reciclaje que fue mencionado en el encuentro por los
participantes. Como sostiene Iglesias Fernández (2007),
reciclar no solo favorece la sostenibilidad del sistema
capitalista, sino que también impide la decolonización
del imaginario económico que contribuye a la crisis climática. En cuanto a la supresión del uso de combustibles fósiles, los niños también mencionaron el uso de
la bicicleta entre las posibles soluciones para mitigar el
cambio climático, a pesar de que no les sería permitido
por los distintos riesgos sociales y viales que existen
en sus contextos. Tampoco sería una opción para sus
padres, cuyos sitios de trabajo distan notablemente de
sus barrios. En ese sentido, a pesar de que la reducción
del consumo de combustibles fósiles es esencial para
combatir el cambio climático, se debe tener en cuenta la
existencia de contextos en los que, al parecer, el uso de la
bicicleta como medio de transporte cotidiano no es del
todo viable. Por otro lado, es preciso comprender que las
ciudades insignias de la consolidación del capitalismo,
según las señala (Marx, 1992), se construyen a costa de
un metabolismo entrópico que, al producirse dentro un
sistema con recursos limitados como la Tierra, le resta a
las mismas ciudades y a los territorios que les abastecen
la capacidad de resistir al cambio climático (Delgado
Ramos et al., 2012). De ahí que –debido a los impactos
que genera la demanda de recursos de Quito en entornos
como los páramos o las laderas del Pichincha (Gómez y
Cuvi, 2016), incluso en los ecosistemas tropicales de las
provincias aledañas– todo el Distrito Metropolitano, y
no solo los barrios del occidente de Quito, requiere ser
educado en el tema del metabolismo urbano. Los impactos asociados al cambio climático como consecuencia
del metabolismo urbano bien podrían ejemplificarse a
la ciudadanía a partir de casos particulares. Uno podría
ser el riesgo que representa para la población de uno de
los primates más amenazados del mundo y su hábitat
en la Costa de Ecuador; la extracción de altos niveles de
madera para satisfacer las demandas de construcción,
mobiliario y decoración en Quito y otras ciudades del
mundo.
A pesar de todo, y más allá de las desigualdades sociales
en los niveles de demanda y consumo, la educación para
combatir el modelo actual de crecimiento económico,
así como sus impactos ambientales y climáticos, representa en la crisis actual una oportunidad para formar
mejores seres humanos, reparar su relación con la naturaleza y desterrar el antropocentrismo en cualquier contexto socioeconómico. En la actualidad, existe una fuerte
desconexión de los humanos con la naturaleza, lo cual se
vio en el encuentro, mientras se consultaba sobre la ocurrencia de deslizamientos de tierra en los barrios de los
asistentes. Ahí, se supo que la única niña que relacionó
el cambio climático con los problemas de movilidad de
su barrio (figura 5), vive cerca de una quebrada donde
suele haber pequeños deslizamientos de tierra cuando
llueve. Frente a eso, algunos participantes bromearon y
un par aseguró, sin comprender la magnitud del riesgo
local, que eso no podría ocurrir cerca de sus viviendas,
por el hecho de que están construidas con cemento.
Reconectar a las personas con la naturaleza es entonces menester en el contexto de la educación respecto al
cambio climático, lo cual se puede alcanzar mediante
la adopción de pedagogías biocéntricas relacionales
(Ritchie, 2013), el reconocimiento de los valores afectivo-subjetivos en las prácticas curriculares (Andrade et
al., 2020), y el apoyo de disciplinas como la antropología,
la agroecología y en general de las etnociencias. Existen
posturas, como la de Escobar (2015), que son bastante
optimistas en cuanto al decrecimiento y lo visualizan
desde un contexto de transición al postdesarrollo, en el
cual se reconocen las diferentes perspectivas del pluriverso, como el Buen Vivir.
Para concluir, aunque los resultados del encuentro confirmaron que la percepción de Ingold (2000) está sujeta a la experiencia inmediata y tangible, estos también son un recordatorio de que la vulnerabilidad al cambio climático en la población de los barrios occidentales de Quito en zonas de riesgo está muy en función de las brechas sociales de desigualdad. Si bien la lucha contra el cambio climático y sus causas es comparable con la pelea entre David y Goliat, se alienta a dejar de lado toda visión pesimista y adultocentrista, para en su lugar, trabajar con la niñez y adolescencia en los contextos de desigualdad social, y así evitar que se conviertan en espectadores o víctimas de los posibles impactos causados por el cambio climático, especialmente en esta época en que los aluviones, deslaves y otros eventos catastróficos como los incendios son cada vez más frecuentes en Ecuador. Esto, por supuesto, no implica desconocer la responsabilidad que tienen otros sectores sociales, cuyo impacto en la crisis climática es mayor y paradójicamente afecta a los estratos de menos recursos, que son los mismos que menos han contribuido al origen de esta crisis que afecta el contexto global.
Agradecimientos
Al centro educativo en Quito, que otorgó el permiso para la realización del encuentro.
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