Poéticas de la vitalidad. Reflexiones en torno a la educación y la inteligencia simbiótica
Poetics of Vitality. Reflections on Education and Symbiotic Intelligence
Resumen
Este artículo propone abordar una serie de reflexiones sensibles, lecturas del presente y estrategias pedagógicas acerca de diferentes formas de conexión o simbiosis del ser humano con sus emociones, la mente, la tecnología, lo no-humano, las paradojas y el mundo de lo sagrado. Estas relaciones resultan conformado un espacio propicio para el despliegue de poéticas de la vitalidad, inspirando nuevas maneras de ser y pensar, educarnos mutuamente y un contexto para compromisos éticos y políticos más afirmativos, creativos y regenerativos.
Citas
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Recibido: 26 de agosto de 2024; Aceptado: 17 de diciembre de 2024
Resumen
Este artículo propone abordar una serie de reflexiones sensibles, lecturas del presente y estrategias pedagógicas acerca de diferentes formas de conexión o simbiosis del ser humano con sus emociones, la mente, la tecnología, lo no-humano, las paradojas y el mundo de lo sagrado. Estas relaciones resultan conformado un espacio propicio para el despliegue de poéticas de la vitalidad, inspirando nuevas maneras de ser y pensar, educarnos mutuamente y un contexto para compromisos éticos y políticos más afirmativos, creativos y regenerativos.
Palabras clave:
inteligencia simbiótica, arte, educación, pensamiento sistémico, espiritualidad.Abstract
This paper proposes to address a series of sensitive reflections, readings of the present and pedagogical strategies about different forms of connection or symbiosis of the human being with his emotions, the mind, technology, the non-human, paradoxes and the world of the sacred. These relationships result in forming a propitious space for the deployment of poetics of vitality, inspiring new ways of being and thinking, mutually educating ourselves and a context for more affirmative, creative and regenerative ethical and political commitments.
Keywords:
symbiotic intelligence, art, education, systemic thinking, spirituality.Resumo
Este artigo se propõe a abordar uma série de reflexões sensíveis, leituras do presente e estratégias pedagógicas sobre diferentes formas de conexão ou simbiose do ser humano com suas emoções, a mente, a tecnologia, o não-humano, os paradoxos e o mundo do sagrado. Estas relações criam um espaço propício à implantação de poéticas de vitalidade, inspirando novas formas de ser e de pensar, educando-nos mutuamente e um contexto para compromissos éticos e políticos mais afirmativos, criativos e regenerativos.
Palavras-chave:
inteligência simbiótica, arte, educação, pensamento sistêmico, espiritualidade.Inteligencia simbiótica
Solo en el espejo de otra vida podemos entender nuestras propias vidas. Solo a los ojos del otro podemos convertirnos en nosotros mismos
Andreas Weber
El mundo no necesita más personas altamente desarrolladas al borde de la salud mental.
El mundo necesita seres humanos razonablemente equilibrados que hayan sanado su trauma y que funcionen bien en su vida diaria.
Hanzi Freinacht
En un tiempo “entre mundos”, como en el que estamos viviendo, de popularización de las inteligencias artificiales y surgimiento de diferentes expresiones de crisis civilizatorias, surge la pregunta sobre qué significa inteligencia, educarse, ser creativo y ser buen ciudadano. Este periodo crucial en la historia de la humanidad nos llama a múltiples desafíos y nos abre a la sensibilidad y a la imaginación, así como también a descubrir en el concepto de inteligencia simbiótica susurros de poéticas de la vitalidad, formas de educación integral y conexiones del ser humano consigo mismo, su mente y sus emociones, con lo no-humano, las tecnologías y lo sagrado.
Siguiendo algunos avances recientes de la ciencia y, especialmente, de las teorías de la complejidad, descubrimos que, aunque son muchos los sistemas hipercomplejos relacionados con la inteligencia, es frecuente asociar esta categoría a la resolución de problemas, a un proceso más que a una competencia dada, a la maximización del desempeño para lograr tareas bajo un contexto de limitaciones y también vinculada a formas adaptativas de relacionarnos con el entorno.
Antes de continuar, valdría la pena hacer unas precisiones respecto a la noción de inteligencia. La cognición no se da tan solo por tener un cuerpo, por la interacción y plasticidad neuronal, sino por millones de años de evolución y una relación con los ecosistemas que nos nutren y de los que dependemos. La inteligencia no siempre es sinónimo de racionalidad y sabiduría, se puede ser muy inteligente y muy estúpido a la vez, como los corruptos y personas con algún grado de psicopatía; la inteligencia no se agota en lo cerebral y en la teoría de los dos hemisferios, sino que también está distribuida en nuestro cuerpo, en las comunidades en las que vivimos y en la biósfera. Hemos comenzado a comprender cómo la experiencia interpersonal da forma al crecimiento de las redes neuronales en el cerebro; dos asuntos paradójicos, el primero, según Damasio (1999), es que en ocasiones empleamos la mente no para revelar hechos sino para ocultarlos; y, el segundo, la relación con el antagonista es determinante para el crecimiento de nuestra inteligencia. Según Howard Gardner (2011) , el ser humano tiene muchas inteligencias, en algunas podemos destacar, mientras que otras no; el desarrollo en la mayoría de las ocasiones se da de manera desigual.
Realizadas estas anotaciones, mencionemos que hay formas de inteligencia maravillosas en los seres vivos y también en otras especies, que además de provocarnos asombro, permiten matizar la idea bastante arrogante del ser humano como la criatura más inteligente del planeta; podríamos decir, empero, que hay cogniciones diferentes que han evolucionado en diferentes momentos y escalas de complejidad, como la inteligencia de los virus, bacterias, abejas, colmenas, arañas, hormigas y cardúmenes de peces; la inteligencia de las flores, la magia de la polinización y la fotosíntesis, la cognición distribuida de las raíces, telarañas, árboles, hongos y micorrizas; la hazaña ingeniosa de animales como la ardilla que puede recordar la ubicación exacta de bellotas durante años; la inteligencia de los elefantes, expresada en su comunicación con infrasonidos a cientos de metros de distancia y sus sorprendentes rituales de duelo; los patrones de comunicación y los dialectos locales de ballenas y delfines; la microbiota intestinal, única en cada ser, como lo son las huellas dactilares y que facilita la digestión de alimentos y la producción de la vitamina K encargada de la coagulación sangre.1
Como podemos ver, existen muchas formas de cognición encarnada e inteligencia en los sistemas vivos que están lejos de poder ser realizados por los seres humanos y muchas de ellas son de extrema importancia, belleza y complejidad. Este contexto nos invita a tener un cierto grado de humildad epistémica, llevándonos a valorar las formas de inteligencia simbiótica que hay en nuestro entorno y en los que podemos inspirar nuevas historias, una gramática universal de valor (Temple, 2024), diseños de nuevas instituciones, formas innovadoras de arte y educación, y, por qué no, herramientas convivenciales y rituales de la inteligencia compartida.
La clave en los ejemplos anteriores está en el concepto de inteligencia simbiótica o integradora, que supone un reconocimiento de nuestra inteligencia animada profundamente evolucionada, con la intención de incorporar su sabiduría a nuestra propia identidad, valores y elecciones de vida (Lent, 2021). Ser inteligente, desde una perspectiva integral, está vinculado con una mejor salud mental, mayor complejidad en el razonamiento, mejores relaciones y formas de creación de sentido, ser capaces de detectar patrones y aumentar la capacidad de relevancia en un contexto determinado.
Para aumentar nuestra inteligencia, a lo mejor necesitamos entrenarnos más en conversar entre amigos, crear ecosistemas de pensamiento y comunidades diversas, extrapolar la cognición distribuida que está en la sociedad, estar más presentes y ser más conscientes de autoengaños y mentiras que a menudo nos decimos a nosotros mismos. Además de la importancia de tener una visión lo más amplia e informada sobre lo que es inteligencia, se puede decir que si esta no está acompañada de virtudes (como generosidad, apertura, presencia, humildad, coraje), origina una producción de conocimiento plano y puede desencadenar delirios cognitivos, hiper-racionalizaciones y malestares en la cultura.2
Para concluir este apartado introductorio, una idea provocadora es que inteligencia quizá no nos falte, hay mucha en la sociedad que está desperdiciada, gente alienada de poder compartir su saber y creatividad con otros, muchos capitales creativos desconectados, miles de personas haciendo trabajos mecánicos en donde se obstaculiza el desarrollo de sus inteligencias, impidiendo la conexión con sus deseos más profundos y con propósitos más altruistas; reiteramos que lo que necesitamos quizá no sea más inteligencia, más capacidad para resolver problemas, sino herramientas epistémicas para comprenderlos mejor y la capacidad para seleccionar los problemas relevantes, prioritarios y los que queremos resolver.
Educación holística
Una educación integral y holística es aquella que fomenta el despliegue del desarrollo humano y de las inteligencias múltiples, y permite la conexión de las personas con su arquetipo primario o cualidad esencial (del alma); es, asimismo, un tipo de formación que crea ambientes de aprendizaje para el autodescubrimiento, que nos lleva a adquirir un amor por el conocimiento y el aprendizaje y, además, nos invita a la creación de historias, la comprensión profunda, la creatividad colectiva y el desarrollo de experimentos sociales innovadores haciendo uso creativo de los repertorios tecnológicos. En las pedagogías que he venido desarrollando en los últimos años en contextos universitarios, suelo trabajar con las siguientes tríadas: conexión, comprensión y co-creación; verdad, belleza y bondad; ser, consciencia y felicidad; yo, nosotros y ellos; personal, interpersonal y transpersonal; lo personal, profesional y ciudadano; el arte, la ciencia y la tecnología.
Exploremos brevemente la pedagogía de las 3C: conexión, comprensión y co-creación. En laconexión se realizan rituales, juegos, rondas, experiencias de canto y danza, meditaciones y exploraciones artísticas a través de múltiples lenguajes para disponer la atención y totalidad de la persona hacia nuevos aprendizajes.3 En este momento, se crean espacios para la co-regulación emocional, para profundizar en los estados de consciencia, la creación de microhistorias acerca de las emociones en donde se articula la sinceridad y la apertura del corazón (vulnerabilidad). También, se crean narrativas experimentales para integrar el pasado, presente y futuro, nuevas comprensiones de lo que venimos siendo, indagar en los aprendizajes profundos4 y una atención especial a las sombras, heridas y traumas, las conexiones humanas profundas, redes de afinidad, privilegios y capitales sociales. He visto cómo, en estas prácticas de conexión, además de fomentar la presencia y la empatía del grupo, se revelan verdades susceptibles de sanar que nos llevan a la conclusión de que contar historias, además de ser un acto ético-pedagógico esencial, es una medicina profunda (Marya y Patel, 2021).
En el ámbito de lacomprensión se propician ambientes de conversación sobre asuntos de interés para el alma y problemáticas complejas a nivel social, estimulando el encuentro con la verdad, la profundidad, las paradojas y la belleza. Estos diálogos se aprovechan para integrar herramientas del pensamiento sistémico, de las que hablaremos más adelante. Un ejercicio frecuente en mis prácticas pedagógicas es el de invitar a los estudiantes a realizar diálogos a través de podcasts con personas o colectivos inspiradores que habitan en los territorios. He notado que esta actividad amplía el espectro ciudadano del saber y vincula a quienes se forman con la creatividad y sabiduría que hay latente en los entornos sociales. Otro experimento didáctico de mucha utilidad es apropiar la herramienta aqal de Ken Wilber (2009), acerca de los cuatro cuadrantes, provocando un ambiente donde se exploran, a través de cuatro rincones en el aula, las causas/soluciones multidimensionales a los problemas planteados por los grupos. Todos circulan por un tiempo determinado en cada espacio y van tomando nota de los diálogos que allí se generan. Finalmente, se hace una socialización en grupo, resumiendo los hallazgos encontrados, las emociones generadas, las reflexiones y soluciones propuestas.5
Posterior a realizar las conexiones, exploraciones sensoriales, comprensiones sistémicas y haber realizado una inmersión en el campo que se quiere indagar y transformar, viene el momento de laco-creación, una experiencia de co-diseño (junto con las personas interesadas y expertos en el problema), que supone la creación de un experimento social o prototipo a escala real. Para esta fase, son valiosas las claves que propone el documento de cómo hacer un prototipo, escrito por Antonio Lafuente y Mariana Cancela (2023), y se sugiere tener presentes algunas de las cualidades que allí se describen, tales como serabierto, recursivo, esperanzador, experimental, etc.
Diálogo entre emociones y política
Las emociones negativas son un componente necesario de la salud emocional.
Negar esa negatividad es perpetuar los problemas en vez de resolverlos.
Mark Manson
He venido comprendiendo que trabajar la relación entre emociones y política es muy pertinente en los procesos formativos, ya que nos invita a ver cómo los cauces subterráneos y emocionales movilizan las problemáticas sociales y se retroalimentan mutuamente. Otro asunto importante de fortalecer esta relación es que ninguna crisis social o política se puede enfrentar adecuadamente mientras estemos anestesiados, rotos y divididos (Hübl, 2020). Propongo entonces que intentemos comprensiones de las bases emocionales subyacentes a los conflictos sociales (tales como el racismo, el fanatismo, el sexismo, el especismo, el clasismo y el extractivismo), ya que en estos contextos, además de que nos muestran parte de nuestros traumas colectivos y señalan puntos urgentes a trabajar, convergen el poder de dominación, la superioridad y el control; además del miedo, la culpa, la vergüenza, el asco, el odio radical frente al otro, el resentimiento y un sinnúmero de emociones e ideologías fanáticas y prejuiciosas, visiones distorsionadas y pensamientos estrechos y paralizantes.6
Además de definir las dimensiones estructurales e históricas de los conflictos y enmarcarlos en horizontes temporales más amplios, nos urge descifrar las emociones que se movilizan cuando abordamos estos temas, las sensaciones que son predominantes en este tipo de problemáticas sociales, y es quizá transparentando sus usos y efectos en la cultura y en nosotros mismos como podemos lograr mayores libertades. Es necesario, entonces, conectarnos con el sentir y ahondar sobre los patrones inconscientes que alimentan las realidades sociales y políticas que estamos viviendo.
Algunas ideas y estrategias que considero relevantes al momento de abordar la relación entre emociones y política en contextos educativos son:
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Evitar comentarios que generalicen a una población, cultura o etnia; no romantizarla. La generalización de “todos son así” fomenta estereotipos perversos.
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En un momento histórico en el que abunda el derribo de estatuas que recuerdan la colonización, debemos derribar el concepto de ídolo, tan impregnado y nocivo para nuestra cultura.
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Reconocer cómo el miedo y la seguridad operan en los discursos de políticos y ver cómo este caldo de cultivo emocional muchas veces inflama, radicaliza, aumenta las tensiones y guerras culturales. Esta ha sido la lógica de la derecha (y, lastimosamente, la izquierda viene aprendiendo este truco): usar el miedo, el odio y el enemigo (real o imaginado) como herramientas políticas, lo cual ha llevado a justificar la suspensión de derechos y libertades conquistadas.
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Trabajar con los prejuicios, puntos ciegos y sombras intergeneracionales, hace parte del trabajo de ir quitándole fuerza y descentralizar estas expresiones de violencia y dominación.
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Diseñar espacios diversos y transculturales donde aprendamos a ser más abiertos con nuestras verdades e ignorancias y espacios de encuentros más generativos entre las culturas.
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Ampliar las conversaciones y salir de las cámaras de eco en las redes sociales, en donde se nutren nuestros sesgos cognitivos. En cambio, potenciar los encuentros para digerir estas tensiones de maneras más reflexivas y creativas.
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Crear el museo de la indignidad, señalando las experiencias en las que hemos sido víctimas y en las que hemos sido opresores.
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Finalmente, estudiar cómo las emociones negativas, tales como el miedo, la vergüenza,7 el odio, la culpa y la envidia8 aparecen en nuestras vidas (hacer la microhistoria de la infancia hasta nuestros días con cada emoción) y también en las agendas de los actores políticos y los medios de comunicación.9
Sobre el pensamiento sistémico
Nuestra capacidad para comprender y mejorar el campo de la educación, depende de nuestra capacidad para comprender el desarrollo humano, la cultura y la sociedad. No podemos entender lo que está sucediendo en las escuelas a menos que entendamos el contexto en el que existen las escuelas
Brad Kershner
El pensamiento sistémico es una metateoría que surgió en el siglo xx ante la necesidad de una visión más abarcadora y ecológica que hiciera visibles e inteligibles las lógicas de conexión, emergencia e interdependencia entre las disciplinas, los campos de conocimiento y los sistemas vivos dinámicos, es decir, todos aquellos sistemas que cambian con el tiempo. Aunque este ámbito de conocimiento interdisciplinario es de origen reciente, existen en diversas culturas ancestrales, prácticas y cosmovisiones que nos advierten que todo está conectado y donde se reconoce la importancia de la relacionalidad y la complementariedad entre lo micro y lo macro-cósmico.
Esta visión sistémica nos habla de procesos, interacciones, totalidades y nos informa que las formas como se relacionan y se conectan las cosas son a menudo más importantes que las cosas en sí mismas. Este enfoque cobra especial interés, ya que por un lado, la forma que damos sentido al mundo tiene mucho que ver con la forma en que nos comportamos y, por otro, porque, aun cuando ningún enfoque podrá explicar completamente las variaciones infinitas de la evolución, esta perspectiva permite organizar múltiples perspectivas, comprender problemáticas complejas y acercarnos con mayor precisión a sistemas dinámicos (como la cultura, la mente, la sociedad)10 y a los hiperobjetos, como los denomina el pensador Timothy Morton (2018): objetos que, por su escala y complejidad, son difíciles de asir para la mente humana, tales como el racismo, el calentamiento global, el sistema inmunológico, la pérdida especies y las desigualdades sociales.
En su evolución por millones de años, los sistemas ecológicos en el planeta se han basado en procesos de auto-organización (Maturana y Varela, 2004), reciprocidad, simbiosis, cooperación, procesos de inclusión y trascendencia, caos y orden, avance radical hacia la novedad, preservación, sostén y resiliencia, permitiendo que cada uno de los elementos de un sistema —partes/totalidades— florezcan, mientras proporcionan nutrientes, apoyo y colaboración a otros elementos para mantener su integridad y coherencia. Esta cualidad de interdependencia nos hace pensar en la evolución de la vida como una gran historia de amor: el despliegue de Eros en acción.11
Veamos algunos ejemplos de las interdependencias y conexiones simbióticas que se dan entre especies: una hormiga sola no puede sobrevivir; una neurona aislada no es capaz de generar la consciencia humana; un árbol es incapaz de sobrevivir sin las relaciones con el suelo, la luz y el aire; no podemos entender el funcionamiento de una planta, ni de un individuo, observándolo como una entidad aislada. Todos estos ejemplos nos advierten que vivimos en un mundo donde abundan procesos emergentes y redes de relaciones interrelacionados de características complejas.
Ahora, observemos el cuerpo humano, un sistema de sistemas biointeligente, fruto de la evolución miles de años, en donde se encuentran e interactúan el sistema inmunológico, digestivo, respiratorio, nervioso, endocrino, entre muchos otros. Somos holobiontes complejos con propiedades emergentes que están más allá de la suma de las partes, que existimos y estamos hechos por nuestras conexiones, y cuya consciencia es una propiedad sistémica emergente. La salud de todo el sistema se encuentra en el equilibrio y en la capacidad de coherencia, relaciones creativas e integración.
La teoría sistémica nos muestra que la consciencia no es una cosa, una esencia, ni tampoco puede ser localizada en una parte del cerebro, sino que es un proceso de interacción de miles de millones de vías interconectadas, así como también en el cuerpo también interactúan muchas células: las de la piel, el cerebro, el hígado, la sangre, alrededor de doscientos tipos diferentes de células que trabajan juntas en armonía, pero cada tipo lleva a cabo sus propias funciones únicas (Lent, 2021). Con todos estos ejemplos mostrados, se puede colegir que existimos en holoarquías, es decir, en sistemas complejos e interconectados (pequeños como las moléculas y gigantes como la biosfera) que co-evolucionan, sostienen y nutren la vida.
La milpa o “las tres hermanas” es otro ejemplo de cooperación entre las especies y una práctica ancestral de los pueblos originarios que se da cuando el maíz, frijol y calabaza son cultivados juntos. Juntos producen más alimento que cuando se hace por separado y vemos como el maíz, brotando temprano y fuerte. ofrece a los frijoles soporte; los frijoles se juntan con bacterias que extraen nitrógeno del aire y lo fijan en el suelo para fertilizar las tres plantas y las hojas grandes y espinosas de la calabaza mantienen el suelo fresco y húmedo, ahuyentando a depredadores y evitando que crezcan las malas hierbas.
Según Rupa Marya y Raj Patel (2021), en su libroInflamed, la actividad de desviar el cauce de un río afecta múltiples sistemas, transformando la relación ecológica entre la tierra y el agua, dado que los nutrientes quedan atrapados, lo que hace que proliferen algas. Cuando las algas mueren, su descomposición consume el oxígeno del agua, sofocando otros organismos acuáticos y haciendo que el agua sea imbebible, además, generando dióxido de carbono y metano. Esta es una de las razones por las que las represas son cada vez más reconocidas como agentes de cambio climático.
Ejemplos de profunda belleza, interdependencia y cooperación, se observan igualmente en la polinización de las flores por parte de insectos; en los desplazamientos de cardúmenes de peces y danzas aéreas de aves que se mueven sincrónicamente como un todo; en las relaciones entre los microbios del suelo y los del intestino (y en el mundo del microbioma); entre los árboles que dependen simbióticamente de los animales para esparcir sus semillas y de las hormigas que sueltan feromonas para indicar a otras donde está el alimento; “la hierba alimenta a las hormigas con sus semillas y las hormigas alimentan a la hierba con el enriquecimiento de la tierra, mutuamente se brindan posibilidades de vida” (Kimmerer, 2021, p. 420).
La visión sistémica e integral también se viene incorporando en otras áreas como la medicina, donde el médico, además de observar los síntomas físicos, explora junto con el paciente los mundos interiores, su vida cotidiana, el estado de sus relaciones, pensamientos, el trabajo, las toxinas medioambientales, entre otros. En el arte, y especialmente cuando se crea música colectivamente, —y sobre todo en las expresiones improvisativas y músicas ancestrales— podemos ver expresado otro caso de simbiosis profunda, en donde emerge un estado compartido de flujo entre los participantes y oyentes que no está localizado en ninguna cabeza, sino que surge en la sintonía, atención y confianza de las interacciones.
Thomas Hübl nos ofrece una bella metáfora de los ancestros pensados como un bosque.
Podríamos imaginar a nuestros antepasados como un gran y antiguo bosque cuyas raíces vivientes compartimos. Esas raíces ancestrales nos conectan entre sí y con la Tierra, como han hecho mucho antes de que surgiera nuestra especie. De hecho, nuestras raíces nos conectan con el planeta y con la vida misma…pertenecen a nuestro sistema nervioso colectivo y no importa cuán lejos vivamos o muramos, o cuán distantes sean los parientes, no se puede pensar que dos humanos en el espacio o el tiempo estén completamente desconectados. Estamos unidos por nuestro origen común. (2020, p. 85)
Un último caso de ecología de las interdependencias es el narrado por Jeremy Lent (2021) en su maravilloso libro The Web of Meaning, Integrating Science and Traditional Wisdom to Find Our Place in the Universe. Allí cuenta cómo el caso de extinción de los lobos en el parque de Yellowstone provocó una cascada de afectaciones en todo el ecosistema: debido a su extinción, la población de alces aumentó y, sin contar con sus depredadores, pastorearon excesivamente a los sauces y a los álamos. Con menos árboles, las aves cantoras disminuyeron, los castores no pudieron crear represas y las riberas de los ríos se erosionaron, lo que provocó un aumento de temperatura del río demasiada alta para los peces; con su ecología desequilibrada, el parque se volvió estéril. Así como hay una cadena de consecuencias en la red de la vida, la reintroducción de lobos logró generar un efecto de resiliencia que rápidamente llevó a la regeneración de todo el sistema.
Como hemos podido observar, existe una amplia categoría de cosas —vida, mente, significado, consciencia, música, cognición— que son en realidad fenómenos emergentes, que existen solo como resultado de interacciones complejas y dinámicas. Hemos visto cómo los principios que se aplican a la naturaleza y su evolución, podrían aplicarse a la cultura y a la vida en sociedad. Recomendamos el libro The system view of lifede Fritjof Capra y Luigi Luisi (2014), para seguir explorando la teoría de sistemas aplicadas a otros fenómenos de la realidad biológica, social y cultural.
Visiones sistémicas y educación
En este momento histórico, el compromiso con el pensamiento sistémico se vuelve fundamental, cuando la red de la vida está en un peligro sin precedentes
Rupa Marya y Raj Patel
La relación entre pensamiento de sistemas y educación es una prioridad en nuestro tiempo, ya que parece estar avanzando más rápidamente la desconexión en todos los sistemas, que la regeneración de ellos, lo cual, de cierta manera, evidencia la (meta)crisis educativa que se suscita cuando las demandas sistémicas desbordan las posibilidades de orientación e intelección compartida. En un tiempo de creciente polarización, donde las relaciones se han visto limitadas por una vida digital adictiva que controla la atención y aliena las personas, se nos ofrece el desafío de crear nuevas conexiones y co-crear acciones colectivas más bellas, bondadosas y ricas para todos los sistemas y holones sociales a los que pertenecemos, desde el cuerpo, la casa, la familia, la localidad, hasta la biosfera en su conjunto.
Ahora bien, además de ser un cuerpo interdisciplinario de conocimientos y una fase del desarrollo psicológico (al igual que el pensamiento simbólico y abstracto), el pensamiento sistémico (y meta-sistémico) es una habilidad cognitiva que podemos cultivar y desarrollar en toda la población, empezando por los jóvenes y adultos y, especialmente, con educadores, trabajadores de la cultura y líderes que se orientan a fomentar el cambio social. El informe Future of Jobs (2020) y los Objetivos de Desarrollo Interior12 señalan la importancia de esta habilidad cognitiva como una de las capacidades clave para el siglo xxi y nos advierte que, para lidiar con la complejidad de nuestro tiempo, necesitamos mapas y herramientas que nos permitan facilitar mayor organización, integridad, coherencia y comprensiones más integradoras y holísticas.
Además, incorporar el pensamiento sistémico en la educación nos podría ayudar no solo a comprender los sistemas que cambian, sino también nutrir nuevas relaciones para potenciar el sentido de cuidado, responsabilidad y agencia, apoyando la sostenibilidad y la regeneración, y comprendiendo más profundamente las características para favorecer la resiliencia personal y la transformación de los sistemas. Esta alianza contribuiría a formar pensamientos y acciones colectivas más integrales, en donde la práctica pedagógica estaría más allá de la formación técnica o cognitiva y se orientaría a facilitar respuestas conscientes de espectro completo (Sharma, 2017), donde, además de incluir la acción estratégica (técnica), también cambiemos normas, comportamientos y fomentamos las virtudes y la sabiduría interna de las personas.13
Otra oportunidad pedagógica que abre el pensamiento sistémico en el campo de la historia y las ciencias sociales es observar los patrones y emergencias en escalas de tiempo más largas, lo que se denomina la “Gran Historia”, con el propósito de buscar síntesis y comprensiones más profundas de las mutaciones de los problemas en el tiempo; aquí las preguntas que surgen son acerca del patrón que conecta: ¿Cuál es el patrón que conecta las transformaciones personales, sociales y culturales? ¿Cuál es patrón que conecta a todas las criaturas vivientes? ¿Cómo han sido las transformaciones, los atractores de futuro y cuáles son las relaciones entre la consciencia, las tecnologías y las prácticas educativas?
La pregunta por las relaciones es no solo lo que hace evolucionar al arte y la educación, sino también base del apego seguro, fuente de la amistad, la vida en pareja y de la evolución de las ideas. Arthur Koestler (2018), en El acto de la creación, muestra un denominador común entre la creación en arte, ciencia y el humor. Según argumenta este filósofo, en la ciencia se dan conexiones entre campos de saber diversos que fomentan el avance del conocimiento, como, por ejemplo, en la electricidad y el magnetismo (el electromagnetismo) y en la comprensión de la energía como corpúsculo y onda. En el arte, las relaciones se dan entre metáforas, colores, gestualidades, sonidos, palabras y escenas, cualquier pensamiento en términos de relación solo puede surgir como una poética (Weber, 2019). En el humor, las relaciones son cruciales, dado que allí dos mundos o sistemas de referencia opuestos colisionan provocando la risa. Finalmente, en el contexto psicoterapéutico (en los contextos de sanación de traumas), como en el proceso de producción de significado, es función de las conexiones que realizamos lo que produce el alivio, la integración del pasado y una nueva comprensión de los fenómenos vividos.
Finalmente, un espacio donde podemos poner en juego la visión de sistemas con la educación es creando comunidades de aprendizaje y redes de apoyo mutuo en los que cada persona o en cada casa se abra un aula con consciencia global. Estas redes culturales iniciarían con los amigos y las amigas que nos atraen, con quienes no reunamos periódicamente a compartir alegrías y tristezas, la curiosidad y abundancias, paradojas y preguntas, las visiones de futuro, creando así resonancias para fortalecer el tejido social, la inteligencia colectiva y para regenerarnos a nosotros mismos y al planeta.
Interdependencia entre ser humano y tecnología
El impacto social más importante de algunas tecnologías no está sólo en lo que permiten hacer a la gente,sino en lo que revelan sobre cómo funciona el mundo.
Benjamin Bratton
Desde sus orígenes, el ser humano ha estado en intercambios simbióticos con la biósfera a través de acciones como respirar, comer, metabolizar y también estrechamente entrelazado con técnicas, aparatos y máquinas. No ha habido ningún momento de la historia en el que las herramientas y dispositivos técnicos hayan estado ausentes, una condición que además de ser una de las características del ser humano, también es fuente de lo que conocemos hoy en día como civilización.
Cada tecnología es, a la vez, una expresión de la cultura y del tiempo histórico, en la que convergen conocimientos, formas de pensar, imaginar y hacer, concreción de los valores y visiones de mundo, tales como códigos de comportamiento, escritura, leyes, sistemas de pensamiento, instituciones sociales, psicotecnologías, tecnologías cibernéticas y en general diversas maneras de automatizar acciones del ser humano que permiten optimizar su energía. Se puede afirmar que cada técnica da forma a la cultura y cada cultura transforma y co-emerge con sus técnicas.
Marshall McLuhan (1995) —quien ha sido uno de los grandes pensadores del siglo xx, quien exploró con rigor y profundidad las transiciones tecnológicas en la historia— señaló que la tecnología es una extensión de nuestros cuerpos y sentidos; hablando de la técnica de la imprenta, precisó cómo esta condicionó muchas transformaciones políticas, imprimió fuerza al nacionalismo y hegemonizó el sentido de la vista; cada técnica altera la percepción (otorga nuevas formas de visión y de ceguera) e incrementa las relaciones interpersonales, el flujo de información y la complejidad en el mundo.14
Iván Illich, otra de las voces eminentes del siglo xx, plantea una expresión muy potente para repensar nuestra relación con las tecnologías que él llama “herramientas convivenciales”. Según este autor, las herramientas convivenciales son las que le brindan a cada persona la libertad y autonomía de crear, y le sirven para enriquecer el ambiente con los frutos de su propia imaginación y visión. La convivencialidad es asimismo un concepto para pensar las transiciones de las visiones industriales predominantes. Podrían pensarse estas herramientas convivenciales como tecnologías sociales (incluyendo instituciones) que permiten a las personas libertad en los usos, es decir, “le permiten al usuario expresar su significado en la acción” (Illich, 2006, p. 19).
Es ingenuo pensar que las herramientas convivenciales cambiarán de un momento a otro el panorama de las técnicas manipuladoras o centralizadas, propias de la era industrial, pero, a lo mejor, sí que nos pueden ayudar a considerar un panorama más amplio, libertario y descentralizado en cuanto a los usos y efectos de las herramientas. En un tiempo en el cual avanza exponencialmente la automatización, las tecnologías se convierten en sustitutos de la espiritualidad, mientras que continuamos dejando a las máquinas las labores mecánicas y repetitivas.
Muchos de los trabajos humanos, con los avances energéticos y las tecnologías modernas, han sido optimizados mediante máquinas y ahora, con la penetración de las inteligencias artificiales, nos interpelan sobre lo que significa ser humano, el sentido del trabajo, la importancia de nuestro mundo emocional y relacional y de los valores, es decir, todas aquellas cosas difíciles de computar y transformar en códigos o ser virtualizadas en plataformas digitales.
Según muchos teóricos de las tecnologías, estamos ante el despliegue de superinteligencias, situación que hace que se ciernan sobre nosotros riesgos existenciales15 que debemos atender, porque pueden volverse problemas que nos desborden y que sean las últimas herramientas que construyamos. Un asunto bastante paradójico de este avance en la computación y de las ia es que coexiste un declive de la verdad, la desinformación, auge de la posverdad, la desconfianza hacia las instituciones, la cultura de la cancelación, el tribalismo tóxico y un empobrecimiento de la salud mental de la población.16
Otro contexto que se pone en evidencia —y que debería ser central en los debates éticos y políticos— es que el avance de las tecnologías nos vuelve más proclives a accidentes por la aceleración, a polarizaciones en las conversaciones; hay una disminución de la espiritualidad, mientras se da un auge de falsas religiones. Otro síntoma de estos tiempos, que afecta la salud mental y la política, es que nos volvemos incapaces de digerir ingentes cantidades de información, canalizar la ira y la indignación y, junto con la carencia de espacios de intercambio social, se ha detectado un declive especialmente en la última década de las libertades y la democracia.17
Cada innovación tecnológica supone saltos paradigmáticos en el pensamiento y en las formas de habitar, desde el uso de herramientas como la piedra, la agricultura, la domesticación de animales y el arado, la escritura, la imprenta, el telégrafo, la radio, la inteligencia artificial, la edición genética (crispr) e internet —nuestro más importante acontecimiento tecno-cultural de los últimos siglos—. Cada innovación técnica modifica la cultura y condiciona las formas de ser, pensar y hacer. Igualmente, muchos de los cambios paradigmáticos en la sociedad han estado vinculados a cambios en la matriz energética18 (Smil, 2021 y 2023) y, recientemente, estamos en nuevas transiciones, pasando de sistemas de objetos a una economía de metadatos, situación que resuena con lo que el filósofo Alexander Bard (2014) viene llamando la transición del capitalismo al atencionalismo (informacionalismo).
Otro asunto bastante confuso frente a los últimos avances tecnológicos que parecen enunciados de manera abstracta tales como nube, virtualidad, plataforma, hace que pensemos sobre la computación y tecnologías informáticas como asuntos etéreos que no tienen conexión con los ecosistemas; pero esto en realidad es muy engañoso, dado que algunos investigadores como Kate Crawford (2022) y Benjamin Bratton (2016) , vienen señalado que la computación no es virtual, es un proceso profundamente físico que involucra procesos extractivos de materiales distribuidos en todos los continentes y con el uso de cantidades inmensas de energía para la elaboración de todo el ecosistema digital.
La otra situación alarmante respecto a la relación humano-tecnología, son los procesos de adicción a las pantallas, el diseño de los usuarios, el tecnofeudalismo, la guerra algorítmica, la explotación de la información por parte de grandes corporaciones, la pérdida de empleos por ia, la interrupción de la atención y la ausencia de reflexiones más profundas en el arte y en la educación sobre una visión amplia de cómo la tecnología ha condicionado (pervertido o estimulado) la cultura y viceversa.
Tríada: arte-ciencia-tecnología
Para complementar este apartado, en el que venimos hablando de la simbiosis entre el ser humano y la tecnología, proponemos unas cuantas reflexiones en el ámbito del arte, la ciencia y la tecnología. Ya no podemos seguir estructurando la producción de conocimiento apelando solo a la ciencia, las evidencias, los números y datos; necesitamos el arte de contar historias, ficcionar futuros posibles, construir protopías, experimentos colectivos que nos permitan dotar de sentido al caos que estamos viviendo. Ya que las máquinas se harán cargo de procesar información, se hacen más pertinentes las capacidades de discernimiento, síntesis, el valor del mito y la estructura de sentimientos. Las personas no toman decisiones, ni se mueven del lugar en el que están, basándose solo en verdades y hechos, el mundo y en general la construcción de conocimiento se alimenta especialmente de sentimientos, historias y metáforas.19
El arte exige, además de verdad, vulnerabilidad y transparencia del alma. El arte no es solo una forma de hacer, sino también una manera de habitar el planeta y experimentar con sensibilidad cada momento de la vida cotidiana, de atender y contemplar la realidad con presencia plena, hacer visible y sensible lo que pocos ven o sienten. Esta es una de las razones por las que valdría la pena democratizar el arte, es decir, implica impulsar y producir acontecimientos artísticos en la vida social, hacer de nuestra vida y de nuestras relaciones maravillosas obras de arte,20 ser artistas en cada momento de nuestras vidas, en el trabajo, en las relaciones, en la casa, en los momentos difíciles, con nuestros antagonistas, en la política, en los juegos, en las formas de hacer el amor, en las formas de bien vivir y bien morir. Ser artista es una forma de estar asombrado y atento a todas las señales y detalles de la existencia.
Los artistas, científicos y personas orientadas al cacharreo y a la invención tecnológica suelen caracterizarse por ser de mentalidad abierta, apasionada y entusiasta; viven su trabajo como un placer en sí mismo. Estas forman parte de una minoría, porque son muchas más la personas en el mundo que hacen trabajos de mierda (Graeber, 2018). Podríamos decir que los creativos son seres privilegiados (pero también algunos son arrogantes, envidiosos y con unos egos inmanejables), ya que pueden estar constantemente aprendiendo, saben lidiar con el aburrimiento y con aquellos momentos de éxtasis al encontrar relaciones inusitadas relevantes en sus vidas ordinarias.
El podcast La Universidad del Futuro,21 el cual he estado realizando desde el 2021, me ha permitido dialogar con diversidad de artistas que vienen experimentando en la interfaz con la ciencia y la tecnología, entre los que se destacan: el proyecto curatorial Entre Ríos, gestionado por Lisa Blackmore; los experimentos de Bioarte de Hamilton Mestizo; el espacio cultural Minkalab en Santa Rosa de Cabal; el proyecto Arquitectura Expandida de Ana López; las Ecologías políticas y prácticas sonoras de Rossana Lara; los proyectos pioneros de Narrativas Digitales de Jaime Alejandro Rodríguez; las Máquinas para pensar y educar a mano de Julián González; las Teleperformance y artes liminales de Lanet; el trabajo con la cocina y arte de la artista Íngrid Cuestas; las obras de arte sonoro y escucha profunda de Ana María Romano y Jorge Barco y la ciencia abierta con Luis Fernando Medina.
Tal vez, de donde van a llegar las inspiraciones más profundas para la reinvención de la educación y del arte, será de personas autodidactas (outsider) que navegan por distintos campos de conocimiento con suficiente (in)disciplina, coraje e imaginación. Aquellos que han construido comunidades para aprender y divertirse juntos, y quienes además tienen un profundo amor por el conocimiento y reverencia por la sabiduría de todos los pueblos. Serán inspiración quienes reconocen sus limitaciones, ignorancias y sus fragilidades, que son puente entre diversas comunidades y han reconocido sus talentos para poner al servicio de una comunidad. Aquellos que observan cada situación como una oportunidad de aprendizaje, tienen mentalidad constructiva y saben trabajar con su sombra.
Serán inspiración para el arte y la educación quienes mantengan un espíritu lúdico de apertura, aventura, asombro y autocrítica, quienes estén atentos a las señales que da la vida y caminan con sus intuiciones al lado de las encrucijadas, bosques y océanos. De quienes aprecian el silencio, la contemplación, la magia, la racionalidad, la espera, la ciencia ficción, la especulación, la justicia, la integridad y la coherencia entre sus pensamientos y obras.
En el fondo, todos tenemos muchas de estas cualidades y tenemos que cuidarlas, porque el sonido de fondo de lo instituido las niega, las relega y no les presta demasiada importancia. Así que espíritus joviales, a animar esta fiesta con el canto y la danza, la palabra, la imagen, la escritura, la música, el alimento y la magia de los encuentros, bienvenidos a diluirnos con alegría y a resplandecer en cada paradoja que habitemos.
Gestionar nuestras ignorancias a través de paradojas
Si el hombre quiere hacer amplio a su mundo, Él debe estar siempre haciéndose pequeño.
Chesterton
Es precisamente este don de asociar contradicciones, Lo que constituye toda la elasticidad del hombre sano.
Chesterton
El trabajo con paradojas es un experimento mental que supone traer a las conversaciones los matices que hay entre las posiciones encontradas, oscilar entre lo positivo y lo negativo, entre los extremos y las polaridades. Las paradojas, además de convocar a la pregunta y, de cierta manera, al no-saber, nos animan a pensar con mayor sutilidad, proporcionándonos movimiento y vitalidad y así las conversaciones toman mayor variedad y profundidad. Parte del pensar críticamente y de la salud filosófica exige mantener con rigor y humor la dialéctica en nuestra reflexión.
Sostener la paradoja en medio de tanta vulgarización del pensamiento, corrección política y posverdad, es una habilidad tántrica que requiere práctica, escucha, curiosidad y apertura mental, y es igualmente relevante en este tiempo en el que proliferan discursos tan lisos en donde predomina el logos, y en los que es más fácil ubicarnos en el polo predilecto y liberar la ansiedad denostando del otro. La paradoja solo puede ser encarnada (toda contradicción es autocontradicción) y es susceptible en el alma de artistas de ser traducida en palabra, pensamiento y obra.
En “Arte, ética y política” de la Maestría en Arte, Educación y Cultura de la upn, —el cual es un curso colegiado que es ofrecido por tres profesores—, recientemente propuse cuatro ejercicios que conectan con lo que venimos exponiendo. 1) Una exposición mediabiográfica,22 2) un juego para pensar a través de paradojas, 3) un podcast sobre una experiencia artística-comunitaria y 4) un seminario teórico que vincula textos filosóficos y películas.23 En el I Semestre del 2024 se diseñaron cuatro juegos para abordar paradojas y temas tabúes en espacios educativos, tres fueron juego de cartas, llamados Paradox, ContraNexus y Enigmas encontradas; además, el juego de roles La Madre y la Muerte.
Paradox es un juego en el que se busca abordar temas complejos para la humanidad, tales como la muerte, la maldad, el amor o la sexualidad, a través de la diversión, el trabajo en equipo y la incomodidad. También, se busca crear un proceso dialógico, reflexivo y participativo que puedan exponer distintas posiciones y creencias respecto a estos temas.
Contranexus consiste en una baraja de cartas con frases paradójicas, incómodas y contradictorias, divididas en cuatro categorías: sociedad, vida, amor e incomodidad. Tiene una ruleta con las cuatro categorías y se juega con un dado de seis caras con las siguientes acciones: Mímica, dibujar, moldear, debatir, expresión corporal y contar historia.
Enigmas Encontradas es un juego para realizar creaciones artísticas. La primera acción es escoger una palabra. Se invita a encontrar las letras de la palabra en los objetos que están a tu alrededor, documentándolas en fotografías. Se sigue con un cadáver exquisito en el cual el título es la palabra y el contenido debe reflejar elementos encontrados en el entorno. Luego, un recetario inspirado en la palabra y los objetos reunidos hasta el momento. Se compone una canción basada en el cadáver exquisito. Finalmente, dos acciones, un stop motion, que represente la temática, y una defensa del trabajo asumiendo un rol: abogado, científico, chamán, arqueólogo y doctor.
En la educación y en el arte, así como es clave lidiar con la ambigüedad y las paradojas, es preciso jugar con el cuerpo, los sentidos, las emociones, nuestras sombras y experiencias espirituales. Hablaremos en lo que sigue de la voluntad de trascendencia y expondremos algunas reflexiones para repensar la religión y la espiritualidad desde una perspectiva más informada por la ciencia, la sabiduría perenne y el misticismo.
Voluntad de trascendencia: notas sobre religión y espiritualidad
No todos los momentos y aspectos de la vida pueden ser realmente "espirituales”… pero todos tenemos algún tipo de “religión” en todo momento…en lugar de intentar ser “espirituales pero no religiosos”, deberíamos admitir que hemos sido desde el principio religiosos pero no (siempre) espirituales”
Hanzi Freinacht
Al ver el escepticismo y cinismo de mi generación al hablar de religión, me he visto en los últimos años interesado en estudiar y comprender más profundamente el tema y reconocer a qué se debe tanto el odio y la negación, como el exceso de afirmación. Lo que resulta para mí más estimulante al indagar sobre la religión, parte de un tono más pragmático, un gesto artístico existencial y meta-religioso. El amor inmanente a la vida, aunada a la consciencia de su fragilidad y finitud y a lo que podemos hacer juntos, es parte del impulso religioso que quiero compartir.
Hoy en día, el sentimiento acerca de la religión (así no lo comprendiera de niño, lo despreciara de joven y sintiera curiosidad de adulto), muestra una trayectoria singular, que va del no-saber y un escaso interés (dependencia de los valores familiares), al desprecio (independencia y ruptura de valores) y a la actual curiosidad (interdependencia y una nueva integración de las experiencias vividas). El anhelo de religarme se sigue ampliando y transformando, y lo relaciono más con una actitud y un compromiso con las cosas que me importan, con mis creencias, ideales, prácticas de conexión y trascendencia, así como también con aquellos estados de éxtasis y especialmente sobre aquellas cosas que me motivan y me da ganas de vivir.
A menudo, hablar de religión genera alergia, apatía y conflicto, parece ser una palabra anacrónica, asociada a seguir determinadas creencias, relacionada con instituciones, iglesias, doctrinas, dioses, formas de comportamiento, asociada al pasado y a personas conservadoras, vinculada a un cuerpo de reglas, formas de vida y preceptos éticos que nos indica cómo actuar.24 Desde una perspectiva ontológica, la religión puede ser percibida como una necesidad existencial (búsqueda de significado), desde lo sociológico, como todos aquellos valores que cohesionan (religan) a una comunidad y, desde lo psicológico, el foco está, como señala William James (1994), en las variedades de la experiencia religiosa.
Veamos los patrones históricos con que a menudo se asocia la fe religiosa. Las religiones han satisfecho diversas necesidades vitales de las personas: la pregunta por el sentido de la vida, las orientaciones sobre cómo actuar, en qué creer, en quién confiar, adónde pertenecer, cómo trascender las limitaciones y en dónde poner lo más sagrado de la vida. Lo religioso responde a las preguntas por las verdades más importantes: las verdades últimas. Las experiencias religiosas igualmente tienen que ver con experiencias de transformación profunda, sentimientos de conversión, paz, metanoia, misticismo, intuición y claridad.
Como denominador común, en muchas religiones la fe religiosa se conecta con la trascendencia, la eternidad, la salvación, el desapego y la vida infinita. Un planteamiento que contrasta tal orientación es la del filósofo sueco Martin Hägglund (2022), quien representa una oleada de aire fresco que nos confronta con la vida finita, la fragilidad de la vida y cómo esta condición de que vamos a morir opera como límite que nos motiva a comprometernos, cuidarnos y a ser responsables. Tener fe secular, según este autor, implica reconocer que dependemos de otras personas, que no somos autosuficientes y que la vida es un constante espacio de decisiones, libertades, fracasos y riesgos.
Otro asunto que veo importante en el trabajo de Hägglund (2022), es que la libertad (y la vida) espiritual está ligada con la vida material y no desligada del sufrimiento, la ansiedad, la negatividad, la finitud y la muerte. En uno de los apartes finales del libro Esta vida, nos interpela a “transformar nuestras condiciones sociales para que la gente ya no necesite recurrir al opio de la religión y pueda reconocer afirmativamente el valor indiscutible de su propia vida” (Hagglund, 2022, p. 424). Su proyecto por la fe secular y la libertad espiritual nos lleva a construir una sociedad realmente libre en la que podamos reconocer nuestro compromiso con el bien común como condición de posibilidad de nuestra propia libertad.
Así, la religión (y, más precisamente, la actitud dogmática religiosa) haya sido un factor desencadenante de guerras, cruzadas, exclusiones, abusos, torturas y cosas terribles en la historia, esta práctica social no es mala por sí misma, ni es sano prescindir de ella. La fe religiosa también ha servido a menudo como una expresión comunitaria de solidaridad, para trascender adicciones, como un polo a tierra para cambiar estilos de vida y servir como andamiaje para valorar experiencias como la dignidad, la equidad y la justicia. Como función social y existencial, aún tenemos mucho que aprender de esta conexión con lo divino, valdría entonces la pena comprender su sentido histórico, tanto sus potencias y distorsiones, el sentido profundo en la vida de las personas y comunidades, estudiar el núcleo espiritual de todas las tradiciones místicas del mundo y su riqueza para nuestro presente y la educación de las futuras generaciones.
Ahora bien, así tengamos muchos prejuicios y no queramos saber de la religión (hay muchas razones para estarlo), sigue siendo, como he mencionado, un tema de importancia central en nuestra cultura para orientar la vida, proporcionar significado y conectar a las personas con lo sagrado, la vida compasiva y sabia, prácticas de autoconocimiento, aclarar los propósitos vitales y la pertenencia a comunidades (la conexión con algo más grande que nosotros mismos).
La religión puede ser una oportunidad para nutrir los procesos de construcción de comunidad, autoorganización social y los rituales de iniciación planetaria, lo que hace que una sociedad defina y priorice un conjunto de valores, colabore, incentive otros comportamientos más compasivos, restrinja ciertas cosas, nos ayude a salir del egoísmo y el narcisismo, y contribuya al desarrollo de la inteligencia moral e interpersonal de la especie.
El nombre común para los frutos de la espiritualidad son las virtudes encarnadas de las personas y cómo se perciben estos frutos, no cuando alguien habla sobre ellos. Cuando estamos con personas que se han trabajado espiritualmente, sentimos en el ambiente cualidades como la serenidad, la apertura, la humildad, la generosidad, la escucha, el no-juicio, la presencia, el humor, el servicio y la ecuanimidad. Las relaciones en las que cultivamos esos frutos y los espacios donde practicamos y cultivamos con otros esas virtudes conforman el ecosistema donde opera nuestra religiosidad.
Aun cuando nos definamos como anarquistas y ateos (“no creyentes”) en asuntos religiosos, todas las personas, sean conscientes o no, siguen una serie de principios rectores que guían y dan sentido a su vida, un conjunto de valores, ritos, símbolos que comparten con los demás; por lo tanto, es mejor que seamos conscientes de la religiosidad en la que cada uno de participa y no temamos en expresarla, ya que, como dice el filósofo Bard y Soderqvist, “todo es religión y todo el mundo es creyente. Cualquiera que afirme lo contrario, está literalmente hablando, cegado por su fe (…) La verdad es que todas las personas, lo admitan o no, son por necesidad creyentes” (2014, p. 181).
Lo perjudicial al negar el valor de la religiosidad y desecharla del panorama cultural, es que vemos que las religiones no desaparecen, sino que surgen malas religiones; por ejemplo: seguimos los dictados de la moda, el individualismo, la eterna juventud, el capitalismo, el comunismo, el fascismo, la nueva era, el culto a gurús y celebridades, el culto a la inmortalidad (eternidad) en las sectas del transhumanismo, el culto al narcisismo y el egoísmo, el culto al cientificismo, los falsos profetas de la nueva era, las mafias de linchamiento en redes sociales, los ideólogos políticos de extrema izquierda o de derecha, los justicieros resentidos que actúan con malicia, las teorías de la conspiración y evangélicos y fanáticos de cualquier orilla.
Para terminar estas reflexiones sensibles, las cuales espero hayan sido estimulantes y provocadoras para sus vidas, doy un paso a la catarsis y a unas cuantas advertencias:
Duden de aquellas personas que están buscando incesantemente convertir o transformar a alguien en algo (según Amos Oz, es un rasgo de la persona fanática); de quienes piensan que “si el mundo fuera como yo, el mundo estaría mejor”; de personas que niegan el sufrimiento (la primer gran verdad, dukkha, según los budistas). Son falsos profetas quienes están obsesionados con sus creencias y niegan la tragedia de toda existencia. Duden de quienes usan y venden la espiritualidad para resolver problemas emocionales; de quienes venden consuelos psicológicos y curas mágicas para problemas complejos; de aquellos que se aprovechan de la vulnerabilidad de las personas para propósitos egoístas. No sigamos literalmente los mitos religiosos, ni tampoco sobredimensionemos el poder del símbolo, el fetichismo de los objetos y el culto a imágenes y deidades. Prescindamos de ideas perjudiciales (para nosotros y para el planeta), como la de “la vida después de la muerte”, y aprovechemos cada día para ser mejores personas y hacer del mundo algo mejor. Tomen distancia de aquellos que asocian lo espiritual con la negación del cuerpo, el sexo, la racionalidad y la desconexión con lo mundano, a menudo se desencarnan (mucha trascendencia, con poca inmanencia). Cuidado con aquellos que están hablando mal del ego y niegan constantemente lo personal, también con aquellos que legitiman ciegamente los acontecimientos diciendo que si pasó tal cosa es por algo; de una vez por todas evitemos decir esto, más bien digamos, no todo pasa por algo, pero sí podemos aprender de todo. Duden de aquellos que están frenéticamente buscando su dignidad a través de sus acciones y hacen mucho alarde para ser reconocidos, de las personas que quieren acabar con la religión y de aquellos que dicen que son espirituales, pero no religiosos (es un contrasentido); de los que exageran lo positivo y piensan que la ira y en general las emociones difíciles son expresiones de algo malo que riñe con la espiritualidad. Apártense de comprender verdades espirituales solo a partir del intelecto, esto nos da una falsa idea de haber comprendido algo muy rápido y superficialmente, de haber aterrizado en la cumbre de la montaña, sin habernos movido de nuestro lugar (la espiritualidad no es comida rápida). Aléjense de los cultos cerrados impermeables al cambio, la diferencia y que sostienen y refuerzan el gurucentrismo. No seamos ingenuos de idolatrar a personas y atribuir poderes mágicos a las personas que dicen estar iluminadas; vivimos entre paradojas, entre la sabiduría y la locura. Después de todas estas advertencias, creo que estamos en un buen momento para terminar la luna de miel con la espiritualidad y empezar a fundar formas de religiosidad y espiritualidad mucho más maduras, actualizadas e integradoras.
Conclusiones
El concepto de inteligencia simbiótica permitió esclarecer unas cuantas ideas subyacentes acerca de la relacionalidad, expandiéndola a otros territorios interiores y exteriores, personales y colectivos. La crisis mundial que estamos viviendo es una crisis en las relaciones y esto está afectando todos nuestros modos de simbiosis priorizando la desconexión a la conexión, el aislamiento a la cooperación. Por eso creemos que hemos de descubrir las historias maravillosas de simbiosis y de Eros en acción en el contexto biológico, cultural, epistémico, estético y espiritual para inspirar nuevas prácticas pedagógicas y el diseño de instituciones educativas.
Para actualizar la educación en el siglo xxi necesitamos revisar no solo los contextos epistémicos que fundamentan la pertinencia de los procesos de construcción de conocimiento, sino un conjunto de relaciones más amplias expresadas en las 5 formas de conexión intrínseca y cooperativa que hemos llamado simbiosis: la relación con el mundo interior, sus emociones y la mente, los modos de relación con las tecnologías, lo no-humano y el mundo de lo sagrado.25 Toda propuesta educativa integral y curricular ha de clarificar como mínimo, una epistemología, una cosmovisión (cosmología), una arquetipología, una fenomenología, dimensiones éticas y políticas, las tecnologías convivenciales e infraestructuras físicas, una estética y una (sin)teología.
El pensamiento sistémico ha de ser complementario a los procesos de pensamiento crítico, ya que permite observar las relaciones entre sistemas, comprender con mayor detalle cómo afectan nuestras acciones y omisiones, descubrir los modos en que una decisión se conecta con otras y reverbera una cadena de consecuencias. En un tiempo de mucho solucionismo tecnológico y achatamiento de visiones de mundo, se necesitan instalar las herramientas de estas visiones más holísticas para pensar al mundo y a nosotros mismos y poder tener respuestas conscientes de espectro completo.
Una profundización en un modo de relación o simbiosis afecta directamente todas las otras relaciones, es decir, por poner un ejemplo, si el ser humano está más presente y atento, cuenta con procesos frecuentes de higiene interior y mantiene una elasticidad de su cuerpo y su mente, desencadenará mejores relaciones y conversaciones, tendrá las condiciones para usar de modos más imaginativos las tecnologías y sus experiencias con el mundo trascendente serán más integradas.
Aun cuando hay un proceso orgánico que va de lo interior a lo exterior, de lo personal a lo colectivo y de lo racional a lo trascendente (trans-racional), es preciso mencionar que una experiencia con lo no-humano puede expandir la curiosidad intelectual, armonizar las emociones y descubrir otros mecanismos de resolución de problemas y tecnologías que pueden inspirar la curiosidad, la conexión y el aprendizaje. Ahora bien, dado que ha habido un renacimiento en los últimos tiempos de lo religioso y lo espiritual, tenemos que estar atentos al bypass espiritual, es decir, el uso de lo espiritual para evadir situaciones emocionales y desconectarnos; en educación necesitamos conectar con la negatividad, lo oscuro y lo monstruoso, en la política, hemos de trascender la búsqueda incesante de un chivo expiatorio y mantener cierta distancia con las teorías de la nueva era y conspiranoicas para explicar el caos y calmar la ansiedad.
En las últimas décadas se ha venido deteriorando enormemente la salud mental de la población. Por esta razón, necesitamos que, a nivel educativo y político, sea una prioridad el desarrollo integral de todos los ciudadanos, estimular espacios para potenciar los capitales sociales y redes de afecto, mayores derechos y responsabilidades, mejorar en sus autocuidados, en el amor propio, cultivar virtudes cívicas más compasivas y amorosas y desarrollar habilidades para lidiar con la ambigüedad y la complejidad.
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