La tarea que queda: para Royman
Resumen
Royman me lo dijo sin rodeos. Me miró, sonrió un poco y soltó esa frase que en ese momento me hizo reír, pero que después se quedó dando vueltas: yo estaba afectado. Tenía razón. Tal vez no lo entendí del todo en ese instante, porque uno suele defenderse con la risa cuando algo toca una fibra demasiado íntima. Hoy puedo decirlo con más claridad: sí, estaba afectado. Y lo sigo estando. Pero no se trata únicamente de tristeza. Hay también una gratitud profunda, de esas que no siempre encuentran una forma ordenada para decirse.
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